- INICIO
|- MENSAJES
|- CHILE
|- SANTIAGO
|- JOSUE CHUN
Lucas 16:19-31
16:19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.16:20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,
16:21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
16:22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.
16:23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
16:24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.
16:25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
16:26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
16:27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
16:28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
16:29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
16:30 El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
16:31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
SI NO OYEN A MOISÉS Y A LOS PROFETAS
SI NO OYEN A MOISÉS Y A LOS PROFESTAS
San Lucas 16:19-31
V, Clave 16:31 “Pero Abraham le dijo: “Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levante de los muertos.”
¡Alabo al Señor quien bendijo abundantemente la conferencia de los lideres de América Latina 2021! Mediante esta conferencia, Dios nos dio una palabra de dirección espiritual ‘que habite la palabra de Cristo en abundancia en nosotros’. Sea este año un año lleno de su palabra en nuestra vida.
En el pasaje de hoy, Jesús nos da una palabra temeraria, pero muy necesaria en la actualidad que ha perdido el temor del infierno. Pandemia nos ha hecho pensar en la muerte y después de ella más que nunca. El tema del infierno es el que queremos evitar mencionar. Pero Jesús desafía a todos los creyentes que están desinteresado en ese tema apremiante. Oro que Dios nos ayude a tener el temor apropiado para poder llevar una vida deseada por él en esta tierra.
Primero, Hombre rico y Lázaro, el mendigo (19-22). Jesús había dado la palabra a sus discípulos, diciendo “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas (9ª)”. Pero los fariseos, que eran avaros, se burlaban de él. Sus corazones eran tan duros por amar el dinero. Por lo tanto, a Jesús le pareció presentar otra palabra más para ellos. Vamos a leer el v19. “Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez.” Este hombre rico se vestía de púrpura y de lino fino. Hacía cada día banquete con esplendidez. Generalmente el vestido de púrpura y de lino fino era de los reyes o de los muy nobles. Este hombre llevaba una vida como un rey. Además, hacia banquete con esplendidez, pero cada día. Nadie puede criticar a la vida de uno. Pero cuando vemos los siguientes versos podemos saber cuál es el problema de este rico.
Los versos 20-21 dicen. “Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, / y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.” ¡Qué contraste es la condición de Lázaro con la del rico! Un mendigo llamado Lázaro estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas. Ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Aún los perros venían y le lamían las llagas. En un mismo lugar, consistían una vida de esplendor y una vida tan miserable. Cuando Lázaro iba muriendo por hambre y enfermedad, este rico hacía banquete cada día.
El problema de este rico no es su riqueza, sino su vida egocéntrica. Aun conociendo la miseria de un mendigo enfrente de su casa, él se interesó solamente en su deleite, siendo desinteresado de la miseria de otro miserable. Al ver que él llamaba a ‘Abraham’ como ‘padre Abraham’, él era judío que tenía el conocimiento de la Ley. Pero, en su corazón, no había el amor de Dios, ni la palabra de Dios que decía “Peca el que menosprecia a su prójimo, pero el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. (Proverbios 14:21)”.
En la actualidad, la gente pecaminosa lleva el mismo estilo de vida como el de este rico. Lleva una vida como fuera sí mismo el dueño de su vida. Desecha el corazón de Dios hacia los que viven en necesidad. En un lado los pobres sostienen su vida solo con un pan, pero otro lado mucha gente hace banquete día a día y semana a semana. Bajo esta influencia de este mundo tan egoísta es fácil llevar tal estilo de vida aún dentro de la iglesia, buscando solamente en su propia comodidad. Es un pecado grave que trae la ira de Dios.
Vamos a ver qué pasó al rico y Lázaro posteriormente. Como el verso 22, los dos, el rico y Lázaro, murieron por igual. La muerte no discriminó a nadie. Con la muerte se acabó la vida temporal de este mundo. Cuando murió, Lázaro fue llevado al seno de Abraham por los ángeles. El rico murió y fue sepultado. La vida de este mundo es temporal y ajeno (11-12). La vida verdadera comienza después de la muerte. Pero el destino de este rico era diferente al de Lázaro.
Segundo, en tormentos de llamas (23-31). Este rico cayó directamente en tormentos de llama. “En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno (23)” Aquí el término ‘el Hades’ significa ‘el infierno (el lugar de tormento)’. El rico era tan atormentado en llamas que pidió a Abraham que enviara a Lázaro para que mojara la punta de su dedo en agua y refrescara su lengua. Esta situación explica cuán terrible es el calor que hay en el Hades.
Aquí, aprendemos primero que el Hades es el lugar de tormentos. Jesús es el Señor del reino de Dios y del infierno. Él declara que existe el infierno. Los pecadores no quieren reconocer que hay el infierno o piensan que el infierno fuera un lugar no tan desagradable. Pero en el lugar de tormento, este rico reclamó solo por el calor insoportable. Hoy en día, el andar con mascarilla en el verano de calor es muy sofocante. Pero aunque no nos guste, debemos aguantarlo para evitar el contagio de covid. Y Cuando los carbones bajo la parrilla dan su máximo calor, no podemos acercarnos a ella por la temperatura tan alta. Además, cuan terribles serían los tormentos de llamas que consume toda gota de agua.
Nadie entre nosotros podemos imaginar bien del Hades. Jesús mencionó de ese lugar en otra ocasión. San marcos 9:47-48 dice. “Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo, porque mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser arrojado al infierno, / donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.”
Cuando se acaba nuestra vida terrenal, nuestro destino se decide a donde ir; ser llevado por los ángeles al reino de Dios o caer al infierno de tormentos. Debemos esforzarnos de escapar de caer a ese lugar.
Y otra cosa que podemos saber del Hades que nadie puede salir de allí una vez que entre en él. Cuando este rico rogó que Lázaro pudiera refrescar su lengua con la punta de su dedo mojado, Abraham le dijo que no pudiera hacerlo, porque nadie puede pasar de un lado al otro (26). el Hades es dónde ya no hay más esperanza. No hay puente, ni punto medio entre el infierno y el reino de Dios. De un lado al otro nadie puede pasar por la sima puesta entre ellos. Por lo tanto, no debemos pensar que habrá oportunidad de arrepentirnos en el infierno.
Y Lázaro fue llevado al seno de Abraham por los ángeles. Vamos a leer el v22a otra vez. “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham” Lázaro fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. ‘La palabra ‘seno de Abraham’ quiere decir que Lázaro llevaba una vida de fe. Abraham es un ancestro de fe. Por la fe Abraham vivió en la tierra extranjera. Permaneció en la tierra de promesa. Cuando Dios le pidió que ofreciera a su único y amado hijo Isaac, él obedeció e iba a sacrificarlo ante Dios. Aún compró la tumba donde morir en la tierra de promesa. Por esta vida de fe, Abraham se hizo un ancestro de fe y recibió el reino de Dios por la eternidad.
Lázaro, aunque era mendigo y enfermo, no llevó una vida de fatalismo, de queja o de reclamo, sino llevó una vida de fe. Lázaro llevó la vida de fe que confió en promesa de Dios y su reino. Por su fe, Lázaro heredó el reino de Dios como Abraham.
Miren el v27-28. “Entonces le dijo: “Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” Este rico se dio cuenta que no hay posibilidad de su escape de tormentos. Entonces, este rico muerto se acordó de sus cinco hermanos que estaban aún vivos, pero llevaban el mismo que él había vivido. Y rogó a Abraham que enviara a Lázaro a sus hermanos para que les testificara a fin de que no vinieran ellos al lugar de tormento. Pero ¿Qué dice Abraham? Leamos el v29. “Abraham le dijo: “A Moisés y a los Profetas tienen; ¡que los oigan a ellos!” Abraham le dijo que sus hermanos tienen a Moisés y a los Profetas para oír. Moisés y los Profetas son la palabra de Dios. ¡Qué interesante que Abraham menciona a Moisés y a los profetas, ya que él no lo conocía por ser antepasado de todos ellos! Abraham en su época, tenía solamente unas promesas de Dios sin ninguna ley escrita. Sin embargo, Abraham llevaba una vida de fe. Los cinco hermanos de este rico tienen más promesas escritas en sus manos y hay que vivirlas por fe.
Pero, este rico muerto supo que ellos no creyeran en ellas y rogó a Abraham que les enviara un milagro de levantarse un muerto para persuadirlos. Pero Abraham le respondió determinadamente que, si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirían aun con un milagro.
¿Qué podemos aprendernos de la palabra de hoy para nosotros que vivimos en la actualidad?
Primero, Debemos llevar una vida Dios céntrica. Al ver que este rico decía ‘Padre Abraham’, él conocía quien es Dios. Pero él llevaba una vida egocéntrica. Él mismo se hizo el rey de su propia vida. Estaba desinteresado totalmente de la voluntad de Dios y se interesó solamente en su propio deleite con sus cinco hermanos. Si no servimos a Dios, sino a nuestro propio deseo en este mundo, iremos al rumbo de este rico. Siendo aún los cristianos, hay algunos que no se interesan en la voluntad de Dios y usan su profesión para su propio provecho y la comodidad. Cuando no llevamos una vida Dios céntrica, jamás podremos llevar una vida que agrada a nuestro Dios, ni escapar de su ira.
Segundo, llevar una vida de compartir. Llevar una vida Dios céntrica es llevar una vida de compartir lo nuestro con los necesitados. La vida de compartir nuestros bienes con otros no garantiza nuestra salvación. Nuestra salvación viene solo por creer en Jesús. Pero toda la biblia menciona y exhorta de la vida de compartir con los necesitados; las viudas, los huérfanos y los pobres. Todavía hay mucha gente que vive un día solo con un pan en nuestro alrededor. Somos llamados a llevar una vida de compartir con otros. Cuando compartamos lo nuestro, Dios llena nuestra vida de toda riqueza necesaria para realizar tal vida en abundancia.
Tercero, Oír la palabra de Dios. Vamos a leer el v31 otra vez. “Pero Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos.” Moisés y los profetas son las palabras de antiguo testamento. Moisés y los profetas testifican del Cristo. “Luego les dijo: —Éstas son las palabras que os hablé estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.” (Lucas 24:44)
Ahora tenemos en nuestras manos La ley de Moisés, los libros de los profetas, los salmos y el evangelio glorioso. Jesús vino a este mundo como la promesa de Dios. Cumplió la misión mesiánica en la cruz y nos dio el evangelio. Si nosotros lo oímos y llevamos una vida de fe como Abraham, llegaremos al lugar donde se encuentras todos los que vivieron por la fe. Pero si no oímos, caeremos al lugar de tormentos donde este rico cayó. Debemos tener el corazón de quebranto a los incrédulos y los inconversos entre los miembros familiares y amigos en nuestro alrededor y disponernos a hacer oír la palabra de Dios.
Al principio de pandemia, faltaban las camas, los medios y los enfermeros para los pacientes de covid por el aumento brusco de los contagios. Se necesitaban los voluntarios para atender a todos los que estaban al rumbo de la muerte. Un médico anciano retirado vino al Hospital voluntariamente a atender a los pacientes de covid bajo el riesgo de contagio posible. Pero este médico solicitó al funcionario del Hospital, diciendo “ubíqueme al lugar más peligroso de este Hospital”. Este médico atendió durante meses a los pacientes y regresó a su casa después de haber cumplido su misión sin descubrir su nombre.
El acto de este médico me desafió en gran manera por su disposición de atender a otros. Siendo yo un misionero que tiene el deber de interesarse a las almas en el rumbo a los tormentos, mi disposición espiritual no era mayor que la de este médico anciano. Al pensar a mis miembros familiares aún inconversos, me da un gran pesar y tristeza en mi corazón. Pensaba ‘algún día creerá’. Pero me parece que ese día puede que no venga, si me quedo en mi comodidad.
Hacer oír la palabra de Dios y ser salvos no depende de nuestro ingenio o espectáculo alguno, sino del poder y la misericordia de Dios. Por lo tanto, necesitamos orar juntos y colaborarnos. La batalla se gana en colaboración. Nuestro comandante Jesús nos da victoria, cuando nos disponemos a ser fuente y puente del evangelio para otros. Oro que podamos oír el evangelio y compartir nuestra vida para los que están a rumbo de tormentos.
Conclusión, Jesús es el Señor del paraíso y el infierno. Él nos declara que, si no oímos a su palabra del evangelio, ninguno de nosotros puede escapar de ese lugar de tormentos. Esta palabra no es una amenaza, sino la advertencia del amor tan grande para la oportunidad actual. Oro que podamos llevar la vida de oír su promesa, para que seamos una fuente y puente de bendición que trasladamos a sus ovejas a su reino.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[17.Ene.2021]_Dominical-UBF-Chile_(LUC_16..19-31)-Mensaje.pdf
|
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...