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Lucas 12:1-12
12:1 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.12:2 Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.
12:3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.
12:4 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
12:5 Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.
12:6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
12:7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
12:8 Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
12:9 mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
12:10 A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
12:11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir;
12:12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.
TEMED A DIOS Y NO A LOS HOMBRES
¡Feliz día amados(as) hermanos(as)! Los que están presente: bienvenidos a la casa del Señor. Y los que nos escuchan vía Google Meet: también bienvenidos a nuestra reunión ¡reciban un fuerte abrazo virtual! Quería agradecerles por sus oraciones por la Conferencia de Líderes de año nuevo, por primera vez se hizo online y fue todo un éxito. Recibimos tres mensajes, el primero hablaba de la bienaventuranza que hay en amar la palabra de Dios. Luego, recibimos el mensaje del director M. Moses Yoon con la dirección de año nuevo: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” y finalmente escuchamos el mensaje de la Gran Comisión. Adicionalmente tuvimos un Foro “Educación de niños en el Ministerio” y escuchamos los reportes de la obra en América Latina. Aunque muchas veces lo ignoramos, Dios está haciendo una gran obra en América Latina, y algunos que observan desde afuera tienen mucha esperanza en que Dios produzca un gran avivamiento en el mundo por medio de nosotros los latinos. Les confieso que eso me sorprendió, pero a la vez me animó a orar, alistarme y trabajar para lo que Dios nos llame. Para mi sería una gran gracia y un honor que el mundo sea bendecido por nosotros los latinos. Oro por esto. Amén
Hoy vamos a continuar nuestro estudio de Lucas, y en el pasaje veremos principalmente dos enseñanzas que le dio Jesús a sus discípulos. Por una parte aprenderemos que debemos cuidarnos de la hipocresía porque es como la levadura, y en segundo lugar, y como tema principal, hablaremos del temor a Dios. Sé que muchas veces, los cristianos, en nuestra jerga, mencionamos estas palabras, pero lastimosamente pocos entendemos que es tener temor a Dios. Hoy aprenderemos esto. Oro que como en cada lectura de este evangelio, hoy conozcamos más a Dios y aprendamos un poco más de cómo vivir agradando a Dios. Amén
LA LEVADURA DE OS FARISEOS
Leamos el v.1 “En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.” En el final del capítulo, vimos que Jesús se hallaba comiendo en la casa de un fariseo, y que debido a que no se lavó antes de comer se generó una reacción en su contra. Por eso, Cristo retó (regañó) muy fuertemente no solo a los fariseos, sino a los otros líderes espirituales. Básicamente porque se habían olvidado de la justicia y el amor de Dios. En principio, esta era una reunión privada, pero aparentemente después se fue corriendo la voz del paradero de Jesús y mucha gente se empezó a reunir allí donde él estaba. No eran decenas ni cientos de personas, eran miles los que literalmente se atropellaban para ver/oír al Señor.
Siendo sinceros, parece una contradicción que tantas personas buscaran a Cristo, aunque él no les decía precisamente lo que ellos querían oír, y digo esto porque había ocasiones, como vimos la semana pasada, que la verdad que Jesús les decía era muy dolorosa. Sin embargo, la gente seguía acudiendo masivamente a Cristo ¿por qué? hay varias razones. Algunos eran simples curiosos, otros estaban enfermos o endemoniados y buscaban un milagro. También había enemigos de Cristo, que buscaban algún error en su doctrina para poder desestimar su ministerio y finalmente estaban los que sinceramente querían aprender de él y seguirle. Como sus discípulos.
En otras ocasiones vimos que Cristo atendió primero a la multitud, y su enseñanza era dirigida a todos, sin embargo, en este caso él se dirigió primera y específicamente a los discípulos. Es decir, lo que estamos por aprender fue dado para un público como nosotros, personas que ya conocemos a Jesús y que incluso le estamos siguiendo. Pero ¿de que se trata esta enseñanza? Como hemos leído, Jesús le dijo a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.” El mensaje -y la enseñanza- es claro, debemos abrir bien los ojos, estar pendientes y cuidarnos de la hipocresía que manifiestan los líderes espirituales como los fariseos, porque la misma es como la levadura. Según Gálatas 5:9 “Un poco de levadura leuda toda la masa” es decir, que la hipocresía es peligrosa porque aunque haya una pequeña porción, esto termina creciendo y afectando a todos. Como la levadura hace con toda la masa, es cuestión de tiempo para que un pequeño gesto de hipocresía se convierta en un gran problema, y por eso nosotros debemos tener cuidado y alejarnos de ella.
Un hipócrita es alguien que finge ser quien no es o finge tener algo que no posee. Un hipócrita es un actor y mentiroso, y ninguno de nosotros está libre de este grave pecado. No solo porque a nuestro alrededor podría haber este tipo de personas, sino porque nosotros mismos podemos serlo. Cuando nosotros queremos aparentar delante de los hermanos ser las personas más espirituales, y realmente no lo somos, eso es hipocresía. Cuando ocultamos un pecado para que supuestamente no nos señalen con el dedo, eso es hipocresía. Cuando nos comportamos de una manera en la iglesia, de otra forma en el trabajo y de otra manera en la casa, eso es hipocresía. No manifestar nuestras verdaderas intenciones también es hipocresía. Sin embargo, vivir así no tiene sentido, ya que miren lo que dicen los vv.2,3 “Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.” Creer que nuestra hipocresía nunca sería descubierta es un autoengaño. Como vemos, no hay nada sobre esta tierra que no vaya ser descubierto.
¿Han oído hablar de ►Marjoe Gortner? Para mi este es uno de los casos de hipocresía jamás visto en la iglesia moderna. Se trata de un niño predicador precoz, con talentos extraordinarios que fue muy popular en los años 70’s en el sur de los Estados Unidos. Lo asombroso de este chico es que parecía ser un niño espiritualmente superdotado, con muchos dones, y por eso salió mucho en TV, pero realmente todo era una actuación auspiciada por los padres de Marjoe, quienes tenían el único interés de hacerse millonarios a costas de engañar a la gente a través de su hijo. Pero finalmente todo salió a la luz. Porque el mismo Marjoe, cuando creció, acusado por su conciencia grabó un documental donde explica las técnicas que aplicaba para engañar a la gente y se le ve en acción. Este documental fue tan impactante que ganó un premio Oscar.
Entonces tenemos que cuidarnos de los hipócritas, porque son como lobos vestidos de oveja, que pueden estafarnos. Pero también nosotros tenemos que tener cuidado y no llegar a ser como ellos. El problema de la hipocresía es que no es tan evidente. Por eso debemos orar a Dios para que nos abra los ojos si estamos frente a algún mentiroso, pero también que nos revele nuestro problema. Una manera de fomentar un ambiente de sinceridad y transparencia es por medio de la confesión de pecados. A veces creemos que esto no tiene mucho sentido, pero realmente es poderoso, porque cuando yo le confieso a mis hermanos la maldad que hay en mi corazón o mis errores, rompo una cadena de hipocresía que puede terminar muy mal. Esto no lo digo yo, está en la biblia. Santiago 5:16 dice “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Por eso los animo a que durante esta semana analicemos profundamente nuestras vidas y de una forma u otra cortemos con nuestras actitudes hipócritas. Amén.
A QUIÉN SE DEBE TEMER
Ahora leamos los vv.4,5 “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.” Este es la segunda enseñanza que Jesús dio a sus discípulos. No es un detalle menor la forma en que él los llamó en esta ocasión, les dijo: “amigos míos”. De hecho, quise esperar hasta este momento para resaltar una diferencia entre “la multitud” y “los discípulos”, que se deja ver en este pasaje. La multitud que seguía a Jesús se había beneficiado -en cierta manera- de Cristo, pero su relación con él era intermitente. Básicamente, ellos(as) se iban una vez que terminaba el discurso o que Jesús hacía el milagro. Pero los discípulos que seguían a Cristo, recibían un poco más que esto, como vemos, por una por una parte recibían consejos personales para sus vidas, y por otra tenían una relación muy cercana con Cristo, a tal punto que él los llamaba: amigos míos. Mi idea al mencionar esto, es que meditemos de qué lado estamos nosotros. Si somos simples seguidores que acudimos a Jesús por moda, por curiosidad o por un interés terrenal, como lo hacía la mayoría de la multitud; o si realmente tenemos una relación íntima con él, como lo tenían sus discípulos, como para que nos llame “amigos”. Según Juan 14:14,15 los amigos de Jesús no solo tenemos una relación íntima con él, sino que nuestra vida se caracteriza por obedecerle. “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” Oro a Dios que nosotros seamos verdaderos amigos de Cristo. Y no solo parte de la multitud. Amén.
Volvamos a ver los vv.4,5. Acá la enseñanza de Jesús es referente al temor: “no tengan miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden hacer nada más.” Quizá los discípulos no lo imaginaban, pero Jesús los estaba preparando para la persecución que ellos estaban por enfrentar. No solo por lo que vivirían en el tiempo de la crucifixión de Jesús, sino después, cuando ya él no estuviera en la tierra (porque habría resucitado y ascendido al cielo).
El miedo, y particularmente el miedo a la muerte, pueden tener un poder muy grande sobre nosotros. Pueden debilitar nuestra fe y empujarnos a hacer cosas que desagradan a Dios. Por eso Jesús nos hace una advertencia. En el caso de los discípulos la fuente del miedo serían los fariseos, pero en nuestro caso esa fuente pueden ser otras personas/cosas. Algunos -los estudiantes- le tienen miedo a sus profesores, porque ellos los pueden desaprobar. Otros temen a sus jefes o compañeros de trabajo, porque pueden hacer que pierdan el empleo. Hay quienes temen a los ladrones, porque pueden quitarnos nuestras propiedades o nuestra vida. Y otros temen a los gobernantes porque si toman malas decisiones pueden matarnos de hambre. Asimismo, hay quienes pueden tener miedo de ciertos grupos perseguidores de cristianos (como los gobiernos comunistas y sectas). Es comprensible que podamos sentir miedo ante estas situaciones, pero en base a la palabra de Jesús hoy recibimos la dirección de no temer más por esos motivos, porque solo pueden quitarnos la vida terrenal y nada más.
Y usted dirá ¿y acaso es poco que nos quiten la vida? y la respuesta es sí. Porque hay algo más valioso que este cuerpo y es el alma. Por eso Jesús dijo: “Tengan miedo a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno” todas las personas que mencioné antes pueden hacernos daño, y hasta acabar con nuestra vida terrenal, pero lo que no pueden hacer, es matar nuestra alma. Solo Dios puede juzgar nuestras vidas, y de hecho lo hará, y solo él puede decidir dónde pasaremos la eternidad, si en el cielo en su presencia o en el infierno, viviendo en tormentos. Por eso más que asustarnos por lo que físicamente alguien pueda hacernos, debemos estar preocupados en lo que Dios piense de nosotros. En otras palabras, más que temer a los peligros de esta tierra, debemos tener temor a Dios.
Pero cuando se habla del “temor a Dios” no se refiere a un temor de pánico, sino a un “temor santo” o “temor reverencial”. Este temor, más que un sentimiento de pavor, es un profundo respeto, admiración y sumisión hacia Dios y su voluntad. Esto podemos verlo -por ejemplo- en Deuteronomio 10:12-13, que dice: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?”. También en Proverbios 8:13 dice “El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.”
De este modo, quiero hacer una breve pausa para que reflexionemos: ¿a quién le estamos temiendo? Yo les voy a ser sincero: hay personas a las que actualmente les tengo miedo. Me preocupan varios presidentes del mundo. Me preocupan los evaluadores de los trabajos que estoy haciendo. Le temo a los que persiguen cristianos y los asesinan. Le temo a los médicos que están haciendo las vacunas para la COVID-19. Le temo a los ladrones y asesinos que cada día veo en las noticias. Por eso esta palabra es muy importante para mí, porque me anima a no tener miedo de estas cosas sino enfocarme en ser un hombre temeroso de Dios, porque lo que Dios pueda hacer con mi vida es lo más importante.
Ahora bien, teóricamente parece fácil de aplicar, pero le tengo una noticia: solo humanamente es imposible de aplicar. Por eso necesitamos al Espíritu Santo. Leamos los vv.11,12 “Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.” Aunque Jesús, particularmente en estos versos se refiere al tiempo en que los discípulos serían interrogados con respecto a su fe, lo que quiero resaltar es que él les prometió que con la ayuda del Espíritu ellos iban a poder enfrentar a su fuente de miedo: los fariseos. En este sentido, extrapolando esta enseñanza, podemos entender que para el cumplimiento de la palabra de hoy también debemos depender del Espíritu. No debemos confiarnos en nuestra carne, sino que debemos rogar a Dios que nos ayude y dejar efectivamente que lo haga.
Esta es una aclaración que es aplicable tanto a lo que hemos aprendido al principio de este mensaje (cuidarnos de la hipocresía), como lo que vemos ahora (temer a Dios y no a los hombres). Espero que lo que hemos aprendido hoy nos anime a cuidar nuestra relación con Dios y poder ser libres del miedo. Esto es un gran privilegio, es un secreto sin estrés. En la medida que tengamos mayor temor reverencial a Dios podremos estar más tranquilos, pase lo que pase a nuestro alrededor, porque estaremos seguros del destino de nuestra alma. Así, oro que Dios nos ayude a aplicar esta palabra durante esta semana y en nuestra vida entera y que podamos dejar a un lado la influencia de la muerte. Amén.
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