Colosenses 3:1-17
3:1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.3:2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
3:3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
3:4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
3:5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
3:6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
3:7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
3:8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
3:10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,
3:11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
3:14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
3:15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
3:17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
QUE LA PALABRA MORE EN ABUNDANCIA EN USTEDES
Buenos días. Hoy tendremos nuestra segunda lectura especial de Año Nuevo basada en el Versículo Clave de UBF para el 2021. El Director General de nuestro ministerio, M. Moisés Yoon, ha estado predicando este mensaje en todas las Conferencias de Líderes alrededor del mundo, exponiendo el propósito por el cual seleccionó este versículo clave para nuestro ministerio para este año. Hoy quiero compartirlo con ustedes también para que haya en nosotros el mismo sentir que en el resto de los hermanos de UBF alrededor del mundo y orando para que la Palabra de Cristo more en abundancia en cada uno de nosotros también durante este 2021 y el resto de nuestras vidas. Amén.
Estamos enfrentando un nuevo año en medio de una pandemia sin precedentes. ¿Cómo debemos vivir en el nuevo año? ¿Cómo podemos servir la obra de Dios? El apóstol Pablo nos da una dirección clara para este año: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”. Oro que la Palabra more en nosotros abundantemente en este año y nos ayude a superar nuestras luchas espirituales, la pandemia global que estamos viviendo y las consecuencias que ésta ha traído a nuestras vidas. Amén.
I.- Haced morir lo terrenal en vosotros y revestíos del nuevo hombre (1-14)
Miren los vv. 1-4. Aquí el apóstol Pablo muestra la relación del creyente con Cristo. En el v.1 dice que hemos “resucitado con Cristo” y en el v.3 que hemos muerto. Cuando dice que hemos muerto, se refiere a la muerte de nuestra vieja naturaleza pecaminosa. Y la resurrección con Cristo se refiere a la nueva vida que hemos recibido en Él. Nosotros nacimos en este mundo muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:1). No podíamos venir a Dios porque nuestros pecados nos separaban de Él. Pero cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, morimos a nuestra vieja naturaleza. Ro. 6:6 dice: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” Cuando Jesús fue crucificado, nosotros también fuimos crucificados con él. Nuestro viejo ser murió junto con Jesús y fue sepultado juntamente con él (Gal. 2:20). Cuando Él resucitó, nosotros también resucitamos y ahora estamos viviendo una nueva vida (Ef. 2:5-6).
Así que habiendo resucitado con Cristo, ¿cómo deberíamos vivir ahora? El v.1b dice “buscad las cosas de arriba”. Antes, cuando estábamos muertos espiritualmente, no teníamos idea alguna de “las cosas de arriba”. Pensábamos que el mundo visible, terrenal, era todo lo que existía y por lo cual debíamos vivir. Pero, al escuchar la Palabra de Dios y aceptar a Jesús como nuestro Salvador, nos dimos cuenta de que existen las cosas de arriba. En ese reino celestial, Cristo está sentado a la diestra de Dios. Habiendo completado la obra de salvación en la Tierra y siendo obediente hasta la muerte en la cruz, ahora Cristo ha sido exaltado hasta lo sumo y está coronado en gloria. Por lo tanto, como pueblo de Cristo, no debemos poner la mira en las cosas terrenales sino en las celestiales.
El v.3 también dice: “vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” Nuestra nueva vida está unida a Cristo y oculta en Dios. ¡Esto es maravilloso! Sea lo que sea, si está escondido en Dios está absolutamente seguro. No importa cuán desesperadamente nuestro enemigo, el diablo, intente destruir nuestras vidas, él no lo puede hacer porque no hay nadie más fuerte que nuestro Dios en quien estamos escondidos. Aunque vivimos en la Tierra, nuestra verdadera vida está unida con Jesucristo y protegida por Dios ¡Qué reconfortante y consolador!
Nosotros somos peregrinos en esta tierra. Cuando nuestra vida terrenal culmine, nosotros regresaremos a Dios, donde nuestra verdadera vida está escondida (2Co. 5:1). El v.4 dice que cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste, nosotros también seremos manifestados con Él en gloria. En ese momento el proceso de nuestra santificación terminará y nos convertiremos en la imagen de Cristo y brillaremos como el sol. Oro para que nosotros continuemos en esta esperanza y busquemos las cosas de arriba.
Entonces, ¿qué debemos hacer para buscar las cosas de arriba? Primero, debemos despojarnos de nuestro viejo ser; y segundo, debemos revestirnos del nuevo ser.
Miren los vv. 5-7. La frase “lo terrenal” se refiere a nuestro viejo ser, el cual tiene la naturaleza pecaminosa de Adán. Cuando nacemos de nuevo, nuestro viejo ser muere con Cristo, pero mientras vivimos en la carne, el nuevo hombre sigue asediado por hábitos del viejo hombre. Mientras vivimos en la carne, nosotros, los que tenemos una vida nueva, debemos luchar para hacer morir los hábitos del viejo ser e imitar a Cristo continuamente.
¿Cuáles son las cosas de nuestra naturaleza terrenal que debemos hacer morir?
Miren nuevamente el v.5b. Nuestra naturaleza terrenal es conducida principalmente por la corrupción sexual y el deseo excesivo por las cosas. Nuestra vieja naturaleza tiende a ser sensual y lujuriosa. Necesitamos hacer morir estos deseos. También debemos hacer morir la avaricia. Todo esto es idolatría porque ponemos todas estas cosas en el lugar de Dios en nuestros corazones. La gente ama sus propios placeres, el dinero y el poder, y prefieren obedecer estos deseos que a Dios. Cuando vivíamos sin Cristo andábamos bajo estos deseos. En ese entonces, ni siquiera sabíamos que esto estaba mal. Pero ahora que hemos sido resucitados con Cristo y tenemos una nueva vida, debemos dejar atrás este viejo ser.
Mientras que el v.5 habla de la naturaleza de nuestros pecados, los vv. 8-9 tratan sobre la manifestación externa de dicha naturaleza pecaminosa. Miren los vv. 8-9. Desde la perspectiva de Dios, la ira, el enojo y las palabras deshonestas o la calumnia son equivalentes al homicidio (Mt. 5:21-22). Nosotros tenemos que despojarnos de esto así como nos quitamos nuestra ropa sucia. En el v.9, mentir es engañar a otros deliberadamente. La mentira es un vicio en una sociedad incrédula, y aún los creyentes tienden a tomarlo a la ligera. Pero la mentira viene del diablo, el padre de las mentiras, y Dios aborrece esto también. (Juan 8:44).
Miren los vv. 10-11. Ya tenemos un nuevo ser. Nos hemos convertido en una nueva criatura en Cristo (2Co. 5:17). Nuestro nuevo ser “se va renovando hasta el conocimiento pleno” de Dios. Cuando nos revestimos del nuevo ser somos bendecidos de poder conocer a Dios y en esto consiste la vida eterna (Jn. 17:3). Al conocerlo, llegamos a ser como Él. Mientras le estamos conociendo, llegamos a tener el mismo carácter santo de Él, y como resultado adquirimos un conocimiento aún más profundo de Él. Este conocimiento no es especulativo. Es un conocimiento vivo y efectivo en nuestra vida real (1Jn. 2:3).
Cuando Dios nos da una nueva vida, El Espíritu Santo que ahora mora en nosotros activa nuestros sentidos espirituales y nos permite tener un conocimiento vivo y espiritual. Él también renueva nuestra voluntad para que las cosas que complacen a Dios nos atraigan más. Dios nos hace santos a través de renovar nuestro conocimiento y voluntad constantemente. Él restaura la imagen de Dios en nosotros y nos lleva a tener una relación bendecida con la Santa Trinidad de Dios a través de nuestra unión con Cristo. Este es el propósito por el cual Dios nos creó y nos salvó. Y no hay discriminación: griegos o judíos, circuncisos o incircuncisos, bárbaros o escitas, esclavos o libres. Cristo une todas las cosas. Cristo es el Señor de todo y en todo.
¿Entonces de qué debemos vestirnos? Miren los vv. 12-13. Como dice el v.10, ya nos hemos vestido del nuevo ser, y Dios nos ha aceptado como justos por la justicia de Cristo. Sin embargo, esta justificación es como vestirse de un atuendo preparado para una boda. En las bodas el novio y la novia están radiantes. No hay otro momento en la vida en que se vean más hermosos. Pero, en Cristo, una vez nos hemos revestido del nuevo hombre, se tiene que arreglar el interior también. Esto implica un nuevo conocimiento, una nueva personalidad y un nuevo deseo. En términos prácticos, debemos mostrar entrañable misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia; soportándonos y perdonándonos unos a otros todas las veces que sean necesarias; de la misma manera en que Cristo también nos ha perdonado a nosotros.
Miren ahora el v.14. Sobre todas las cosas debemos revestirnos de amor. Aquí, la palabra griega que se traduce como amor es ágape, que se refiere al amor incondicional de Dios. La ética suprema de los creyentes es este amor ágape. Debemos amarnos incondicionalmente, así como Dios nos ama a nosotros. Dios nos sigue amando a pesar de todas las veces que le fallamos, nosotros también debemos seguir amando a nuestros hermanos, sin importar las veces que nos fallen. Este es el verdadero amor cristiano. Este amor es el vínculo que une a las comunidades de creyentes, así como un cinturón mantiene las prendas en su lugar.
II.- La nueva vida en Cristo (15-17)
Miren el v.15. El Mesías se convirtió en un sacrificio de paz entre Dios y los pecadores, quienes estábamos en enemistad con Dios. Así, Dios en Cristo nos reconcilió con Él y nos dio su paz. Esta es la paz del cielo que el mundo no nos puede dar. Es una paz que proviene de una profunda convicción de que ya hemos sido perdonados, salvados y vivificados. Es la paz que no puede ser quitada aunque uno pierda todo en el mundo. Debemos estar seguros de que esta paz es la más grande fuente de influencia que gobierna nuestro interior.
Pero en realidad, no es fácil que la paz de Cristo gobierne nuestro corazón. Debido a la pandemia, muchos hermanos han perdido mucho. Algunos perdieron seres queridos. Otros perdieron su salud. Otros perdieron sus fuentes de ingresos. Algunos ven inminente la pérdida de su casa o apartamento. Algunos no saben cómo harán para comprar la comida. Esto hace que la ansiedad les asalte. Aunque han aceptado a Jesús como su Salvador, no pueden hacer que la paz de Cristo gobierne sus corazones porque están ansiosos.
Esta es una situación comprensible. ¿Cómo se puede hacer para que nuestros corazones sean gobernados por la paz de Cristo? Necesitamos poder espiritual. El poder que viene de la gracia de Dios. La fuerza que viene de la oración y fe en Dios. Flp. 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Si nuestros corazones no están gobernados por la paz, debemos arrepentirnos y orar. Debemos aferrarnos a las promesas de Dios y creer en ellas. Si no tenemos fe, debemos orar persistentemente a Dios para que nos ayude a tener fe. Entonces Dios protegerá nuestros corazones y mentes con su paz. Y, eventualmente, Dios resolverá todos nuestros problemas.
Miren el v.16. La frase “la palabra de Cristo” se refiere a las Escrituras, es decir, la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios que testifica a Cristo (Jn. 5:39). La nueva vida que ahora vivimos como creyentes es una vida en la que la Palabra de Dios mora en nuestros corazones. Cuando la Palabra mora abundantemente en nosotros, podemos enseñarnos y exhortarnos unos a otros a través de la Palabra de Dios. Podemos cantar salmos, himnos y cánticos espirituales que vienen de la Palabra de Dios. Podemos alabar a Dios con gratitud en nuestros corazones. Y lo que hagamos, sea de palabras o de hecho, podemos hacerlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Padre a través de Él.
Tenemos muchos problemas en esta pandemia del Coronavirus. Además de los problemas personales que les he mencionado antes, también se ha hecho muy difícil servir la obra de Dios. Antes podíamos reunirnos y disfrutar de comunión. Podíamos conversar durante horas en nuestros estudios bíblicos, o antes o después de nuestras reuniones; pero ahora estamos limitados por las videollamadas. Antes adorábamos juntos en la iglesia; pero ahora cada uno tiene que adorar desde su lugar porque es complicado cantar juntos a la vez a través de esta plataforma. Antes yo podía ver sus hermosas caras mientras les predicaba el mensaje, aunque sea para verlos bostezar; pero ahora solo veo la cara de los pocos que prenden la cámara y lo hago a la distancia. Antes podía oír sus voces leyendo los versículos o respondiendo mis preguntas durante el mensaje; pero ahora solo oigo mi voz, y gracias a Dios la de mi familia también. Antes comíamos juntos y compartíamos lo que habíamos aprendido del mensaje; pero ahora apenas escucho a algunos saludar o despedirse. Antes íbamos juntos a la Universidad de Panamá para pescar y tener nuestros estudios bíblicos grupales con los estudiantes compartiendo una merienda; pero ahora estudio con ellos en línea y sin poder ver sus caras tampoco.
Gracias a Dios tenemos internet, redes sociales y aplicaciones de videollamada para continuar en contacto en medio de esta pandemia. Hay países, como Venezuela, que ni siquiera eso pueden tener porque el internet es muy malo y hay interrupciones frecuentes en la electricidad. Sin embargo, es muy difícil servir la obra de Dios como iglesia de esta manera. Y debemos seguir orando para que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a superar pronto la pandemia y adorar, compartir y servir juntos otra vez. Oremos para conseguir un nuevo Centro Bíblico para UBF Panamá donde podamos reunirnos con alegría nuevamente enseñándonos y exhortándonos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en nuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales, y haciendo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él.
En estos tiempos de prueba, la Palabra de Dios debe morar en abundancia dentro de nosotros. Uno puede preguntarse, “¿Qué relación tiene el ‘dejar que la Palabra de Dios habite en abundancia en mi corazón’ con mis problemas económicos?” “¿Cómo nos puede ayudar esto en una situación en la que no podemos pescar o levantar discípulos?” La verdad es que la palabra de Dios es importante en nuestros problemas prácticos. Y esto es porque Dios es el que nos da el pan y es Dios el que levanta discípulos y añade cada día a la iglesia los que han de ser salvos.
El Salmo 34:10 dice: “Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” En el Antiguo Testamento, David, antes que fuese rey, fue perseguido por Saúl quien estaba determinado a matarlo. En esta situación lo más lógico es David reuniese sus tropas, planease estrategias y luchase contra Saúl. Pero ¿qué hizo David? El Salmo 71:24 dice: “Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.” Suena absurdo pensar todo el día en la Palabra de Dios en tiempos de prueba, en lugar de buscar una solución real. Pero David meditó en la Palabra de Dios todo el día y Dios mismo derrotó a los que se resistían a David.
Podemos decir que cuando la Palabra de Cristo, mora en nosotros abundantemente, nosotros podemos estar llenos de Espíritu Santo. Ef. 5:18-20 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” Noten que el fruto de estar lleno del Espíritu Santo aquí es casi lo mismo que dice en nuestro versículo clave. Miren nuevamente el v.16. Estar llenos del Espíritu Santo implica estar llenos de la Palabra de Dios. Aunque cada uno enfrente diferentes desafíos, nosotros tenemos que dejar que la Palabra de Cristo more en nosotros en abundancia y ser llenos del Espíritu Santo
“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (He. 4:12). La Palabra de Dios revela nuestros problemas y nos da sabiduría. Además, Dios mismo nos guía a seguir su sabiduría y superar todos nuestros problemas. A través de este pasaje, aprendimos que “debemos hacer” varias cosas: Debemos buscar las cosas de arriba; debemos hacer morir todo lo que pertenece a la naturaleza mundana; debemos desechar todo lo que pertenece a la naturaleza pecaminosa; no debemos mentirnos los unos a los otros; debemos vestirnos de nuestro nuevo ser; debemos tenernos paciencia, perdonarnos, amarnos, dejar que la paz de Cristo gobierne en nuestro corazón; entre otras cosas.
Sinceramente, cuando oímos todas estas órdenes podemos sentirnos agobiados. No podemos hacer esto con nuestra propia voluntad. Sabemos que la ley de Dios es justa, pero nos sentimos agobiados porque no podemos cumplirla completamente. Nos sentimos presionados porque pareciera que Dios está pidiendo demasiado. Pero Dios no nos da órdenes para juzgarnos si fallamos. Dios nos ordena y nos ayuda a obedecer sus mandamientos. ¿De qué manera? A través de su Palabra, Dios nos ayuda a obedecer sus mandamientos. El Espíritu Santo trabaja dentro de nosotros mediante la Palabra y nos ayuda a guardar el mandamiento de Dios.
Por lo tanto, nuestro trabajo es hacer que la Palabra de Dios more en nosotros abundantemente. No debemos recibir la Palabra solo con nuestra cabeza, sino con nuestro corazón y nuestro espíritu, y retenerla. Cuando hacemos esto, Dios mismo nos ayuda con la Palabra que fue plantada en nuestro corazón. Él nos da el deseo y su gran poder para que podamos obedecer a sus mandamientos. Amar la Palabra es igual a amar a Dios. Sin duda alguna Dios nos ayudará con nuestros problemas, mientras nosotros seguimos amando la Palabra y dejando que esta more en nosotros abundantemente en tiempos de dificultad. A pesar de que nuestras dificultades actuales no mejoren al instante, ¡Qué gran privilegio es el estar llenos de la palabra de Dios!
Yo creo que Dios se complace en la persona en la que mora la Palabra de Cristo. El hombre de Dios es aquel gobernado por la palabra de Dios, aún en sus pensamientos, deseos y profundas inclinaciones. No sólo durante la pandemia, en todo tiempo, las preocupaciones, los temores y las tentaciones del pecado siempre trabajan en nuestro corazón. Si tratamos de luchar y derrotarlos con nuestra propia fuerza nunca ganaremos. No debemos concentrarnos en expulsar las preocupaciones, los temores y las tentaciones, sino que debemos esforzarnos para que la Palabra de Dios more dentro de nosotros abundantemente. Cuando la Palabra mora en nosotros, las preocupaciones y pensamientos mundanos pierden su lugar en nuestro interior. Son echados fuera.
Oro para que a medida que los tiempos se vuelvan más difíciles, nosotros amemos la Palabra de Dios aún más. Leamos y meditemos profundamente la Palabra. Meditar en las Escrituras nos da inmensas bendiciones. Una de las mejores maneras de apreciar la Palabra es leerla en voz baja, es decir, memorizar la palabra al susurrarla por lo menos 20 a 30 veces. Esto nos permite meditar profundamente. El cielo y la tierra pasarán, pero la Palabra de Dios, aún la letra más pequeña, permanecerá intacta. Oro para que podamos recibir la palabra con nuestra mente y corazón, y podamos encomendarnos a la Palabra para que nos transforme día a día.
El M. Moisés Yoon, Director General de nuestro ministerio, cuenta que durante esta pandemia, se esforzó por leer la palabra de Dios y recitarla. Temprano en la mañana, durante el tiempo devocional del Pan Diario, ha estado meditando en la Palabra de Dios. Ha leído las Escrituras nuevamente. Cuando preparaba el material de estudio bíblico para los líderes en inglés, también leía el pasaje varias veces. Cuando tomó este nuevo método de enfoque al pasaje bíblico y dependió de la oración, pudo tener un entendimiento más profundo del pasaje.
También, sacó las tarjetas de memorización de la Biblia que ya había dominado. Y en cualquier tiempo que tenía, pasaba algunas horas recitando la Palabra. Durante los últimos 8 meses, ha memorizado aproximadamente 3,000 versículos. Y de sus notas de Pan Diario de los últimos 5 años, seleccionaba el versículo clave de cada día para sumarlos a sus tarjetas y memorizarlos. Mientras la Palabra abundaba en su corazón, la Palabra venía a su mente en cada situación y ahora piensa y reacciona de acuerdo a la Palabra de Dios. El gozo celestial desbordaba en su corazón en medio de muchos desafíos y pruebas.
Dios le dio sabiduría cada vez que la necesitaba a través de su Palabra. Dios renovó su deseo espiritual y le ayudó a restaurar la oración en la madrugada. Cuenta que antes orar durante 5 minutos le parecía una hora, pero en estos días orar durante una hora le parecen solo 5 minutos. Dios le dio el gozo de meditar en la palabra y el gozo de orar. En efecto, la palabra de Dios es la fuente de todas las bendiciones. Nos da sabiduría y fortaleza, transforma nuestro carácter, y nos otorga poder en todas las circunstancias.
Durante la cuarentena, yo también he cambiado mis hábitos con respecto al estudio bíblico y la preparación de mensajes. Como estudio los domingos con la M. María, Sharon, Darío y Karen, después de las reuniones dominicales, comienzo la preparación del siguiente mensaje, con la preparación del Estudio Bíblico. Medito la Palabra versículo a versículo, escucho mensajes relacionados en YouTube y el programa radial A Través de la Biblia. También estudiando la Biblia 1:1 con Aramis y Ricardo, la Palabra va inundando mi corazón. Además, recibo más Palabra de Dios a través del Estudio Bíblico Grupal con los estudiantes de la Universidad de Panamá. De igual forma, cada día como mi Pan Diario al levantarme, meditando la Palabra, y algunas veces comparto mis meditaciones con ustedes a través de WhatsApp. En ocasiones también recibo y leo las meditaciones de Pan Diario del Dr. José Ahn y las traduzco y comparto con los colaboradores latinoamericanos.
Durante el 2020, me he llenado más de la Palabra de Dios y he conocido más a Dios a través de ella. Sin embargo, también deseo que la Palabra de Dios llene más mi corazón este año. Oro para que en el 2021 pueda meditar más y más la Palabra de Dios y pase más tiempo en oración de manera que la Palabra de Cristo more abundantemente en mí. Amén.
En conclusión, Dios lo sabe todo y lo controla todo. Cuando vemos nuestra realidad, la ansiedad, la preocupación, el temor y la desesperación vienen a nosotros. Sin embargo, la voluntad de Dios es que la palabra de Cristo more en nosotros abundantemente. Él quiere que vivamos por fe en sus promesas y con acciones de gracias. En este 2021, oro que cada uno de nosotros leamos y meditemos la Palabra fervientemente, estudiando la Biblia, participando en el Culto Dominical, escribiendo cada semana su testimonio bíblico y comiendo Pan Diario cada día. Oro para que Dios nos ayude a comprometernos al estudio bíblico profundo. Oro que Dios nos bendiga para dedicarnos también a la oración y esforzarnos en la misión de convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amen.
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M. Josué Bae (MX)
( 19 de febrero de 2021 )
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