Nehemías 8:1 - 10:39

8:1 y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.
8:2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo.
8:3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
8:4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.
8:5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento.
8:6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.
8:7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar.
8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
8:9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.
8:10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.
8:11 Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis.
8:12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.
8:13 Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley.
8:14 Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo;
8:15 y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito.
8:16 Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín.
8:17 Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.
8:18 Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.
9:1 El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.
9:2 Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.
9:3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.
9:4 Luego se levantaron sobre la grada de los levitas, Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en voz alta a Jehová su Dios.
9:5 Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza.
9:6 Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.
9:7 Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham;
9:8 y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.
9:9 Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo;
9:10 e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día.
9:11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas.
9:12 Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.
9:13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos,
9:14 y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley.
9:15 Les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la peña; y les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la darías.
9:16 Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos.
9:17 No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste.
9:18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones,
9:19 tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.
9:20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.
9:21 Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.
9:22 Y les diste reinos y pueblos, y los repartiste por distritos; y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
9:23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra de la cual habías dicho a sus padres que habían de entrar a poseerla.
9:24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos como quisieran.
9:25 Y tomaron ciudades fortificadas y tierra fértil, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas y olivares, y muchos árboles frutales; comieron, se saciaron, y se deleitaron en tu gran bondad.
9:26 Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones.
9:27 Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos.
9:28 Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste.
9:29 Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon.
9:30 Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.
9:31 Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.
9:32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día.
9:33 Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.
9:34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas.
9:35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.
9:36 He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.
9:37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia.
9:38 A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes.
10:1 Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías,
10:2 Seraías, Azarías, Jeremías,
10:3 Pasur, Amarías, Malquías,
10:4 Hatús, Sebanías, Maluc,
10:5 Harim, Meremot, Obadías,
10:6 Daniel, Ginetón, Baruc,
10:7 Mesulam, Abías, Mijamín,
10:8 Maazías, Bilgai y Semaías; éstos eran sacerdotes.
10:9 Y los levitas: Jesúa hijo de Azanías, Binúi de los hijos de Henadad, Cadmiel,
10:10 y sus hermanos Sebanías, Hodías, Kelita, Pelaías, Hanán,
10:11 Micaía, Rehob, Hasabías,
10:12 Zacur, Serebías, Sebanías,
10:13 Hodías, Bani y Beninu.
10:14 Los cabezas del pueblo: Paros, Pahat-moab, Elam, Zatu, Bani,
10:15 Buni, Azgad, Bebai,
10:16 Adonías, Bigvai, Adín,
10:17 Ater, Ezequías, Azur,
10:18 Hodías, Hasum, Bezai,
10:19 Harif, Anatot, Nebai,
10:20 Magpías, Mesulam, Hezir,
10:21 Mesezabeel, Sadoc, Jadúa,
10:22 Pelatías, Hanán, Anaías,
10:23 Oseas, Hananías, Hasub,
10:24 Halohes, Pilha, Sobec,
10:25 Rehum, Hasabna, Maasías,
10:26 Ahías, Hanán, Anán,
10:27 Maluc, Harim y Baana.
10:28 Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento,
10:29 se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor.
10:30 Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos.
10:31 Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de reposo, nada tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado; y que el año séptimo dejaríamos descansar la tierra, y remitiríamos toda deuda.
10:32 Nos impusimos además por ley, el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un siclo para la obra de la casa de nuestro Dios;
10:33 para el pan de la proposición y para la ofrenda continua, para el holocausto continuo, los días de reposo, las nuevas lunas, las festividades, y para las cosas santificadas y los sacrificios de expiación por el pecado de Israel, y para todo el servicio de la casa de nuestro Dios.
10:34 Echamos también suertes los sacerdotes, los levitas y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos determinados cada año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley.
10:35 Y que cada año traeríamos a la casa de Jehová las primicias de nuestra tierra, y las primicias del fruto de todo árbol.
10:36 Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestros ganados, como está escrito en la ley; y que traeríamos los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios;
10:37 que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades;
10:38 y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro.
10:39 Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios.

AVIVAMIENTO ESPIRITUAL


Un día un ladrón invadió la casa del pastor Juan Wesley. Cuando él vio al ladrón, le dijo: “Hermano, vamos a suponer que yo te regalé lo que tú te estás llevando”. Entonces, el ladrón le respondió: “¿Cuál es la diferencia”, e iba a salir corriendo? El pastor lo llamó otra vez y le regalo una Biblia. El ladrón se fue. Pasando algún tiempo, cuando el pastor Juan Wesley terminó su predicación en la iglesia, vino un joven y le dijo: “Pastor, yo soy ese ladrón a quien usted le regaló una Biblia. Yo la leí y me hizo arrepentirme de mis pecados. Pastor, perdóneme”. Esto es el poder de la palabra de Dios. ¿Queremos ver esta obra de avivamiento entre nosotros? 

Hasta la semana pasada nosotros aprendimos lo que era la obra de reedificación del muro de Jerusalén. El muro se edificó en 52 días por el liderazgo de Nehemías y la colaboración del pueblo. Esta fue una obra victoriosa de Dios. Desde el capítulo 8 habla de la edificación del muro espiritual. Aunque ellos pudieron edificar el muro físico, les faltaba edificar el muro espiritual. La palabra de hoy nos enseña la obra de arrepentimiento en el pueblo de Israel. Esa obra vino de oír la palabra de Dios a través de un maestro bíblico llamado Esdras. Oro que Dios abra nuestros corazones para que podamos arrepentirnos de nuestros pecados y restaurarnos espiritualmente a través de este mensaje. Amén. 

El pueblo se arrepintió por la palabra de Dios (8:1-9:37)

Después de cumplir la tarea de reedificar el muro, cada uno de los del pueblo volvieron a sus ciudades. Pero no pasando muchos días, se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas. Aunque ellos tenían mayor seguridad ante los enemigos por la reedificación del muro, tenían sed espiritual en su interior. Por eso ellos se unieron el primer día del mes séptimo en la plaza y le pidieron a Esdras, el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 

En estos días podemos conseguir una Biblia fácilmente. Algunos hermanos tienen 2 ó 3 Biblias. Pero en esa época solamente algunos sacerdotes tenían el libro de la ley de Moisés. Aunque ellos querían leer la palabra de Dios, no podían leerla porque no tenían el libro a la mano, por eso tuvieron que pedirle al sacerdote Esdras que se los leyera. Esdras era un escriba, el cual interpretaba la ley de Dios y la enseñaba al pueblo. Para ser un escriba, tenía que ser un experto en la ley de Dios. Los escribas eran doctores en la Biblia. Esdras era un excelente maestro bíblico que podía enseñarle la ley de Dios al pueblo profundamente. La obra de avivamiento en el pueblo de Israel se hizo a través de un excelente maestro bíblico llamado Esdras. 

El sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación. Estaban los hombres, las mujeres y todos los que podían entender la palabra de Dios. Esdras leyó el libro en la plaza desde el alba hasta el mediodía, es decir alrededor de las 6 de la mañana hasta las 12 de la tarde. El enseñó la palabra durante 6 horas. Dicen que una persona puede concentrarse para escuchar a otros durante 45 minutos. Si pasan más de 45 minutos, uno pierde la concentración. Nuestro servicio dominical dura casi 2 horas, pero hay cantos, oraciones y predicación. La predicación dura más o menos 1 hora. Para algunos hermanos es muy difícil estar sentado durante el servicio dominical, por eso algunos se levantan, van al baño, van a la cocina para tomar agua, algunos extienden sus brazos y sus piernas, algunos se quedan dormidos. 

Algunos hermanos vienen al servicio con su corazón dispuesto a dormir, por eso antes de comenzar el mensaje ya sus ojos están casi cerrados. Pero ¿Cómo era la actitud del pueblo ante la palabra de Dios? El v.3b dice: “Los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley”. Ellos se concentraron para escuchar la palabra de Dios durante 6 horas. Además, la palabra era de los cinco libros de Moisés – Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio. No es fácil entender estos cinco libros. Sin embargo, ellos tenían gran deseo espiritual y buscaban a Dios ardientemente, como el ciervo brama por las corrientes de las aguas. Durante 6 horas ellos soportaron el hambre, la sed y las ganas de ir al baño. Ellos no querían perderse ni una palabra. 

Además, ellos manifestaron todo su respeto ante la palabra de Dios. El pueblo había hecho un púlpito nuevo de madera para ese día especial. Cuando el escriba Esdras abrió el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo, todos estuvieron atentos. Cuando vemos la Nueva Versión Internacional, está escrito “todo el pueblo se puso de pie”. Cuando Esdras abrió el libro de Dios, todo el pueblo se levantó de sus puestos. ¿Por qué? Cuando una persona muy importante entra en un lugar, la gente se levanta por respeto a esa persona. Cuando el juez entra en el tribunal, todos se levantan por respeto a él. Cuando Esdras abrió el libro de la ley de Dios, el pueblo se paró por respeto a la palabra de Dios. 

Además ellos respondieron a gran voz. Leamos el v6. “Bendijo entones Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! Alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra”. “Amén” quiere decir “Así sea”. Ellos aceptaron la palabra y respondieron a gran voz: “Amén, Amén”. Es bueno responder diciendo “Amén” en medio del servicio. También ellos alzando sus manos se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. 

¿Qué hicieron los levitas en ese momento? El v7 dice que los levitas hacían entender al pueblo la ley. Ellos estaban con el pueblo y los ayudaban a entender la palabra de Dios, por si acaso algunos no entendían bien lo que decía Esdras. En este capítulo sale varias veces la palabra ‘entender’. Los sacerdotes y los levitas ayudaron al pueblo para que entendiesen la palabra de Dios. Nosotros debemos entender la palabra de Dios. Aunque un hermano lee mucho la palabra, si no puede entenderla, no puede ver la obra de Dios en sí mismo. Por lo tanto, nosotros debemos orar para que Dios abra nuestros ojos espirituales para entender su palabra. En este proceso, el papel del pastor y el maestro bíblico es muy importante. 

Los pastores y maestros bíblicos tienen que ayudar bien a las ovejas para que entiendan la palabra de Dios. Si un pastor quiere ver el cambio de vida de un hermano, tiene que hacerle entender la palabra, pero si la oveja no entiende la palabra, aunque estudia la Biblia con su pastor, ella no puede ver las cosas espirituales ni puede ver la obra de Dios en sí misma. Por eso el pastor tiene que ayudar a sus ovejas para que entiendan la palabra. Para esto el pastor tiene que orar mucho y darle las palabras adecuadas. También tiene que cocinarle bien la palabra. Algunas palabras son muy difíciles para entender como carne dura. Un bebé no puede comer carne. Como la madre prepara bien la comida sabrosa para su bebé, el pastor tiene que preparar bien la comida para que sus ovejas sean alimentadas y crezcan espiritualmente. 

Cuando una oveja oye la palabra de Dios y la entiende, nosotros podemos ver la obra de arrepentimiento en ella. ¿Qué dice el v9b? Porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Ellos lloraban porque se estaban arrepintiendo de sus pecados. Cuando alguien oye la palabra y la entiende, puede ver sus errores y sus pecados, entonces, se podrá arrepentir de sus pecados por la obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo abre nuestros ojos espirituales, y nos hace arrepentirnos de nuestros pecados con lágrimas. Antes de oír y entender la palabra de Dios, uno no puede saber cuáles son sus pecados. Uno puede sentirse culpable, pero no lo siente espiritualmente, ni puede tener fuerzas para arrepentirse. 

La palabra de Dios nos enseña qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Sobre todo los libros de la ley nos enseñan claramente sobre el pecado. Los diez mandamientos nos enseñan que la idolatría, hacer imágenes, tomar el nombre de Jehová en vano, no guardar el día de reposo, no honrar a los padres, homicidio, adulterio, hurto, falso testimonio, y codicia son pecados. No debemos servir a dioses ajenos, ni debemos adorar imágenes. 

Estos pecados no agradan a Dios. El adulterio incluye la fornicación, estos son los pecados más populares en nuestro pueblo. Es difícil superar la codicia porque somos básicamente pecaminosos. Nosotros sabemos que por estos pecados nuestra vida tiene muchos problemas y finalmente vamos a ser juzgados por Dios. Por lo tanto, nosotros debemos arrepentirnos de nuestros pecados de inmediato. El pueblo de Israel se arrepintió de sus pecados y volvió a Dios a través de oír y entender la palabra de Dios. 

Nosotros también esperamos esta obra de avivamiento en nuestras vidas, en nuestra familia, en nuestras universidades y en nuestro pueblo. Primeramente, nuestra vida debe cambiar a través de la palabra de Dios. Debemos obedecer la palabra con arrepentimiento. Debemos arrepentirnos de nuestra rebeldía. Debemos arrepentirnos de nuestro orgullo. Cuando nos arrepentimos primero, podemos esperar la obra del arrepentimiento en nuestra familia. El arrepentimiento de cada uno de nosotros puede influir en nuestros padres, nuestros hermanos, y nuestros esposos para que ellos también se arrepientan de sus pecados y cambien su vida. Entonces veremos la recuperación de nuestra familia. 

El arrepentimiento de cada uno de nosotros puede convertir a nuestra universidad para que otros jóvenes universitarios se arrepientan de sus pecados. Muchos jóvenes viven siendo esclavos del pecado. El deseo carnal y la lujuria los devoran. Son orgullosos y egocéntricos. Muchos están decepcionados y viven como muertos. Nosotros queremos que estos jóvenes oigan la palabra y la entiendan para que sean convertidos espiritualmente. Si nuestra familia y nuestra universidad se convierten, nosotros podremos ver la obra del avivamiento en nuestro pueblo. Podremos ver que todo el pueblo oye la palabra para arrepentirse. 

Entonces, nuestro pueblo puede ser un pueblo santo y sacerdotal, que sirve a otros pueblos con la palabra de Dios. Nosotros esperamos esta obra de avivamiento de Dios. Entonces, esta obra viene de oír y entender la palabra de Dios. Por lo tanto, oro que Dios abra nuestros corazones para entender su palabra. Oro que Dios nos moldee para que seamos excelentes maestros bíblicos. Amén. 

Miren el v13. “Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley”. Aunque ellos habían estudiado durante 6 horas el día anterior y se arrepintieron de sus pecados, ellos querían conocer más a Dios, por eso al día siguiente fueron a Esdras otra vez para entender las palabras de la ley. A través del estudio bíblico ellos se dieron cuenta que no habían guardado la fiesta de los tabernáculos. 

Esta fiesta era para recordar la gracia de Dios que los había guiado en el desierto hasta llegar a Canaán. Ellos recuperaron esa fiesta con gran alegría. Para nosotros esta fiesta de los tabernáculos es recordar la gracia de Jesús quien nos sacó del pecado y nos guio a la vida eterna. Cuando nosotros recordamos la gracia de Dios, podemos recuperar la alegría verdadera. Algunos hermanos no tienen alegría en su vida de fe, porque no recuerdan la gracia de Dios. Nosotros debemos recordar la gracia de salvación todos los días. Entonces, podemos tener gran gozo espiritual. 

El pueblo firmó la promesa con Dios (9:38-10:39)

Leamos 9:38. “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes”. Después de arrepentirse, ellos quisieron ser fieles a Dios e hicieron promesas firmándolas los representantes del pueblo. ¿Cuál era el contenido de sus promesas? 

Primero, ellos protestaron y juraron que andarían en la ley de Dios y guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Dios (29). Nosotros también debemos hacer esta decisión de vivir conforme a los mandamientos de Dios. Debemos quitarnos el deseo de disfrutar nuestros pecados. Algunos hermanos no quieren tomar una decisión, porque no quieren dejar su vida pecaminosa. Algunos hermanos no toman una decisión, porque saben que no pueden cumplirla. Somos débiles, por eso no podemos cumplir nuestras promesas. Aunque el pueblo juró a Dios, no cumplió sus promesas a Dios. Por eso nosotros debemos pedirle ayuda a Dios. Debemos tomar la decisión y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a vivir según nuestra decisión ante Dios. Entonces, Él va a guiarnos según nuestro deseo espiritual. 

Segundo, ellos prometieron que no darían sus hijas a los pueblos de la tierra, ni tomarían las hijas del otro pueblo para sus hijos. Uno de los mayores pecados de esa época era el matrimonio con los extranjeros. Esto no quiere decir que está prohibido el matrimonio internacional. Rut era una moabita, pero se casó con Booz y participó en el linaje de Jesús. Pero Rut era una mujer de fe. Nosotros podemos aprender que debemos casarnos por la fe, con los hombres y las mujeres que están en Dios. 

El criterio del matrimonio en nuestra sociedad está muy desviado. Muchos se casan por sentirse enamorados de un hombre o una mujer. Pero este sentimiento desaparece sin pasar mucho tiempo. Por eso muchos se divorciaron, aunque se amaban mucho al comienzo de su matrimonio. Nosotros no debemos ver las condiciones externas para el matrimonio sino la vida espiritual de la persona. Aunque una Miss Venezuela o un Mister Venezuela quieran casarse con ustedes, tienen que decirle que no, si no conoce a Dios. 

El matrimonio fuera de Dios puede generar muchos problemas en su hogar y puede hacernos abandonar a Dios. Algunos hermanos y hermanas buscan a las mujeres y a los hombres que son grandes espiritualmente y a la vez perfectos externamente, pero es muy difícil encontrar a alguien así. Yo vi a varios que no habían podido casarse porque estaban buscando a los hombres y a las mujeres perfectos. Oro que nuestros hermanos y hermanas se casen por la fe en Cristo. 

Tercero, ellos prometieron guardar el día del reposo. Ellos tomaron la decisión de guardar el día de reposo absolutamente. Ellos dijeron que no iban a trabajar ni a comprar en ese día. Aunque los otros pueblos trajesen para venderles mercaderías y comestibles en ese día, ellos prometieron que no iban a tomar nada de ellos en ese día, ni en otro día santificado. 

Guardar el día del reposo, para nosotros es guardar el día del Señor y es muy importante. Algunos hermanos quieren trabajar hasta los domingos para ganar más dinero. Quizás puede ganar más dinero, pero él va a perder su fe en Dios. Nosotros no somos carnales. Aunque tenemos mucho dinero, no podemos vivir felices si no nos llenamos espiritualmente. Nosotros sabemos el cuento de un rico insensato. Si Dios toma nuestra vida una noche, ¿para qué servirían nuestras riquezas? Además, nosotros debemos confiar en Dios que bendice a los que viven por la fe. Dios reposó al séptimo día para que nosotros descansáramos un día a la semana. Un autor famoso dijo en su libro: “Si nosotros guardamos el día de reposo, el día de reposo nos va a guardar a nosotros”. Oro que nuestros hermanos y hermanas guarden el día del Señor con todo su corazón. 

Cuarto, ellos prometieron darle ofrenda y diezmo a Dios. Ellos dijeron que iban a ofrendar para la obra de la casa de Dios, las primicias, y el diezmo. Ellos tomaron la decisión de entregar su material a Dios. Las ofrendas y el diezmo son una expresión de nuestro agradecimiento a Dios. El diezmo no es nuestro, sino de Dios. Jesús dijo que donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón. La ofrenda es material, pero la devoción detrás de la ofrenda es espiritual. La iglesia usa la ofrenda y el diezmo para expandir el reino de Dios en esta tierra. 

En conclusión: 

Cuando uno experimenta la gracia de Dios a través del arrepentimiento, automáticamente vamos a tomar la decisión de sacrificarnos para Dios. Oro que Dios haga su obra de avivamiento en cada uno de nosotros. Oro que Dios convierta a nuestra familia, a nuestra universidad y a nuestro pueblo con su palabra. Señor, aviva a nuestro pueblo. Amén. 

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