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Nehemías 1:1 - 2:20
1:1 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino,1:2 que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén.
1:3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
1:4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
1:5 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;
1:6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
1:7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.
1:8 Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;
1:9 pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.
1:10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa.
1:11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
2:1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,
2:2 me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.
2:3 Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
2:4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,
2:5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.
2:6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.
2:7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;
2:8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
2:9 Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.
2:10 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.
2:11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días,
2:12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.
2:13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.
2:14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.
2:15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.
2:16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.
2:17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.
2:18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.
2:19 Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?
2:20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
EDIFIQUEMOS EL MURO DE JERUSALÉN
Desde esta semana vamos a estudiar el libro de Nehemías. Nehemías era el líder del pueblo judío quien reedificó el muro de Jerusalén. Con su sobresaliente liderazgo él superó todas las dificultades y cumplió la obra maravillosa de Dios. El pueblo se reunió centrado en su líder y participó en la gloria de Dios. Este libro puede enseñarnos con qué actitud debemos servir en la obra de Dios, sobre todo para los que van a ser futuros líderes del pueblo. La visión de nuestro ministerio es levantar a muchos líderes espirituales en nuestro pueblo. Entonces, este libro va a ser una buena guía para ser levantados como líderes del pueblo. A través del mensaje de hoy, nosotros podemos aprender el amor de Nehemías hacia su pueblo y su oración. Oro que nosotros podamos ser líderes espirituales del pueblo como Nehemías. Amén.
La oración con lágrimas de Nehemías (Cap. 1)
Esta historia sucedió en el mes de Quisleu, en el año veinte del rey Artajerjes de Persia, en Susa, capital del reino. Era el año 444 a.C., 70 años después de la reconstrucción del templo de Jerusalén. El mes de Quisleu es desde mediados de noviembre hasta mediados de diciembre. El rey estaba en Susa, la cual era una de las cuatro ciudades principales de Persia, donde Daniel tuvo una visión de Dios y Ester fue escogida como reina. Nehemías era el copero del rey. Él se encargaba de las bebidas del rey.
En esa época muchos reyes fueron asesinados con veneno en las bebidas, por eso los reyes ponían a hombres de confianza en ese cargo. Él controlaba a los que servían las bebidas, y él mismo la tomaba primero enfrente del rey para darle confianza y seguridad. En nuestra época no hay copero, pero podemos entender su cargo como si fuera el secretario de la presidencia. Entonces, él tenía mucha autoridad y privilegio. Como Nehemías hablaba con el rey cara a cara, muchos se arrodillaban ante él. También era rico por ser el copero del imperio persa. Si él quería, podía llevar una vida muy tranquila disfrutando el placer del mundo. Pero él escogió el camino de la cruz botando sus privilegios para cumplir la voluntad de Dios.
Miren el v2. "Vino uno de sus hermanos llamado Hanani con algunos varones de Judá. Nehemías les preguntó por los judíos que habían escapado, por los que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén." Aunque él estaba llevando una vida muy cómoda y con riquezas, su interés estaba en su pueblo, por eso les preguntó por Jerusalén. La mayoría de las personas que tienen estabilidad económica y social no están muy interesadas en los demás, porque su vida es abundante. Ellos se olvidan del dolor de los demás y llevan una vida egocéntrica, pero Nehemías amaba a su pueblo más que su propia comodidad. Él amaba tanto a su pueblo que siempre pensaba en ellos. La noticia que le contaron fue de gran tristeza para Nehemías. Ellos dijeron: “El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”.
Jerusalén era donde estaba el templo de Dios, y era el centro de la fe y vida de los judíos. Aunque ellos estaban en Babilonia como cautivos, sus corazones estaban en Jerusalén. Por ejemplo, Daniel oraba tres veces al día con la ventana abierta hacia Jerusalén. Ellos esperaban la reedificación del templo de Jerusalén y la recuperación de la gloria del reino de Israel. El templo de Jerusalén fue destruido por Nabucodonosor, el rey de Babilonia, en el año 586 a.C. Pero este fue reconstruido por Zorobabel el año 526 a.C. Luego comenzó la obra de reedificación del muro de Jerusalén, pero se paró por la acusación de los enemigos del rey Artajerjes. (Esd.4:7-23) Entonces, los enemigos derribaron totalmente la parte construida del muro y quemaron las puertas. También los judíos en Jerusalén estaban en gran mal y afrenta. La esperanza de los judíos se derribó con la destrucción del muro de Jerusalén.
¿Qué hizo Nehemías después de oír esta noticia? Leamos el v4. “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”. Él se sentó y lloró. Él se sentó sin fuerzas en el lugar donde estaba por la decepción y la tristeza. Y comenzó a llorar gimiendo. Su duelo duró algunos días. Él ayunó y oró, pues no podía comer pensando en la situación miserable de su pueblo. Él lloró como un hombre que pierde a sus padres. Porque el amor a su pueblo era bastante grande, por eso su dolor también era muy grande. El amor a su pueblo vino del amor a Dios. Su pueblo era el pueblo de Dios. Jerusalén era la santa ciudad de Dios. La destrucción de Jerusalén implicaba la destrucción de su fe. Entonces, no podía estar tranquilo ante esa situación por celo a Dios. Él comenzó a orar. “Te ruego, oh Jehová, Dios de los celos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos”.
En medio de ese gran dolor él miró a Jehová Dios. ¿Quién era Dios en el que Nehemías confiaba? Dios de los cielos, fuerte, grande y temible. Dios de los cielos es Dios Creador. El dueño de todo el universo. Él es fuerte y todopoderoso. Nada es imposible para Él. Él es muy grande, más grande que cualquier otra cosa. El problema en el que Nehemías se encontraba era grande. Sus enemigos eran grandes, pero él confiaba en que Dios es más grande que ellos.
Todos los problemas son pequeños ante la grandeza de nuestro Dios. Si nosotros estamos frente a Dios y reconocemos su grandeza, todos nuestros problemas se van a ver pequeños. Este Dios es temible, es decir que juzga a los pecadores. Él establece su justicia en esta tierra. Nehemías también confió en Dios fiel que guarda los pactos. Dios cumple sus palabras. Este Dios es misericordioso. Sobre todo manifiesta su misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos. Para orar ante Dios, nosotros debemos conocer quién es Dios. Veamos cuáles eran sus tópicos de oración.
Leamos vs.6,7. “Esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado”. ¿Qué hizo él primeramente en su oración? ‘Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti.’ Nehemías confesó sus pecados y se arrepintió. Él dijo: “Yo y la casa de mi padre hemos pecado”. Nehemías asumió el pecado de su pueblo como su propio pecado. Él podía echarle la culpa a sus padres, porque cuando el pueblo de Israel perdió su reino, Nehemías no había nacido. Él nació en Babilonia después de que Israel perdió su reino.
En algún sentido él fue uno de los que fueron perjudicados por el pecado de sus padres. Entonces, él podía decir que el pueblo estaba mal por el pecado de sus antecesores. Pero, ¿Qué dijo él? Yo y la casa de mi padre hemos pecado. Él se arrepintió de sus pecados de no vivir justamente ante Dios, se arrepintió de su desobediencia. Él se arrepintió de su pereza espiritual que no oraba constantemente para su pueblo ni ayudaba al pueblo con la palabra de Dios. Él se arrepintió de su falta de fe para salvar a su pueblo ante los enemigos. Él se arrepintió de sus pecados y los pecados de su pueblo con corazón contrito y dolido.
Cuando Nehemías se arrepintió de sus pecados, Dios lo utilizó para la reedificación del muro de Jerusalén. Después de arrepentirse, Nehemías tomó la promesa que Dios le había dado a Moisés.
"Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos, pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”.
Él confió en la promesa de Dios. Él confió en que Dios iba a hacer que su pueblo volviera a Jerusalén si se volvían a Dios y guardaban sus mandamientos.
“Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”
Él estaba orando concretamente para ser utilizado en la obra de reedificación del muro de Jerusalén recibiendo el favor del rey. Su oración le dio una visión y deseo de trabajar para la obra de Dios. A través de la oración, él pudo saber que Dios quería utilizarlo para la obra de reedificar el muro de Jerusalén, pero él sabía que esa obra tenía muchos obstáculos. Esta fue paralizada por la orden del rey Artajerjes, y había muchos enemigos. También necesitaba mucho sacrificio. Para hacer esa obra él tuvo que dejar su vida cómoda y cargar con esa responsabilidad. Sin embargo, él quiso participar en esta obra maravillosa de Dios. Su amor a Dios era suficiente para sacrificarse y llevar la cruz. Él oró ardientemente durante 4 meses con este tópico de oración. Dios escuchó su oración. Dios no abandonó su oración, y cumplió su voluntad en su tiempo.
Podemos aprender la importancia de un hombre de fe. Dios comenzó esta obra de reedificación del muro a través de un hombre llamado Nehemías. Dios está buscando a los hombres de fe como Nehemías en nuestra época también para hacer su obra maravillosa en Venezuela. Como nosotros sabemos nuestro pueblo tiene muchos pecados. Por el deseo carnal, muchas familias se rompieron, es difícil ver familias sanas. Algunos esposos engañan a sus esposas, cometiendo adulterio, y las esposas también. Por el rompimiento de las familias, sus hijos viven con tristeza y dolor.
Esta sociedad está enferma gravemente porque la familia está enferma. Muchos muchachos cometen fornicación y viven como esclavos del pecado. Ellos no tienen la visión de Dios y son muertos espiritualmente. Muchos niños de la calle son frutos de esos pecados. Hay mucha violencia en la sociedad. Tenemos miedo al andar por la calle en la noche. A veces nos despertamos asustados por los disparos. Sin embargo, los políticos siguen peleando para buscar sus propios beneficios. Ellos dividieron al pueblo en dos. La economía del país cayó hasta el piso. Muchos perdieron sus trabajos, y no consiguen empleo. ¡Cuántos desempleados hay en nuestra sociedad! Y hay muchos profesionales desempleados, por eso los jóvenes se decepcionan y se suicidan por sus pecados y desesperación.
El egoísmo domina sobre la sociedad. Sin embargo, el pueblo no busca a Dios, sino que busca a los ídolos. Ellos menosprecian al Dios viviente, arrodillándose ante los ídolos muertos. Ante estos problemas de nuestro pueblo, nosotros le echamos la culpa con facilidad a los políticos, a los empresarios, a los ladrones, y a los demás. Muchas veces nosotros estamos fuera de estas responsabilidades. Con esta actitud nosotros no podemos arrepentirnos sinceramente, ni podemos ser líderes del pueblo.
Nosotros debemos saber que todos estos problemas son por nuestros propios pecados, y debemos arrepentirnos primeramente. El arrepentimiento tiene que comenzar desde nosotros mismos. El arrepentimiento tiene que comenzar de mi mismo. Entonces, Dios puede comenzar su obra de restauración a través de nosotros. Nosotros esperamos el avivamiento espiritual de nuestro pueblo. Nosotros esperamos el cambio de nuestro pueblo. Nosotros esperamos que nuestro pueblo sea un reino de sacerdotes y gente santa. Esta restauración espiritual comienza a través de un hombre que asume el pecado del pueblo como su propio pecado y se arrepiente sinceramente ante Dios. El movimiento de despertamiento espiritual comienza del arrepentimiento de un hombre de fe. Oro que Dios levante a muchos futuros líderes espirituales que oren por el pecado del pueblo con arrepentimiento. Amén.
Nehemías se levantó para reedificar el muro de Jerusalén (Cap. 2)
Miren el v1: “Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia”. El mes de Nisán es desde mediados de marzo hasta mediados de abril. Entonces, pasaron 4 meses después que Nehemías comenzó a orar. Nehemías podía ir inmediatamente al rey para pedirle su favor con su emoción. Pero él no actuó según su emoción, sino que esperó el tiempo de Dios orando ardientemente durante 4 meses. Cuando él oraba, Dios le respondió en su tiempo. Un día el rey le preguntó por qué estaba triste su rostro. Un copero no podía tener la cara triste ante el rey. El rey podía castigarlo por esa razón. Por eso él temía en gran manera, pero él respondió sabiamente:
“Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?”
No fue fácil mencionar este asunto en ese momento porque el que ordenó la paralización de la obra fue el rey Artajerjes. Él podía pensar que no era buen momento para hablar de ese asunto, pero porque él había orado mucho, habló de ese tema con valor. En ese momento, él rey le preguntó: “¿Qué cosas pides?” El corazón del rey se abrió. Dios abrió su corazón. Nehemías sabía que por fin llegó la oportunidad. Entonces, él oró al Dios de los cielos. En ese pequeño momento, él le agradeció a Dios y le pidió que le diera sabiduría para hablar al rey. Él le dijo al rey que lo enviase a Jerusalén para reedificar el muro. En ese lugar la reina estaba sentada junto al rey.
Normalmente los hombres quieren mostrar su generosidad delante de sus mujeres para ganar su corazón. El rey era muy generoso con Nehemías y le preguntó cuánto duraría su viaje y le permitió irse. Nehemías, viendo que el corazón del rey estaba abierto, le pidió que le diese una carta para recibir el apoyo de otros gobernadores y otra carta para conseguir madera. El pudo conseguir lo que había pedido según la benéfica mano de Dios sobre él.
Por fin Nehemías llegó a Jerusalén. El viaje era largo y tardó tres meses. ¿Cómo se sentiría Nehemías? Seguramente él quería comenzar la obra inmediatamente con mucho ánimo. Sin embargo, él no actuó imprudentemente. El pasó tres días orando y descansando. Luego se levantó de noche, él y unos pocos varones con él sin avisarle a nadie. El salió de noche y observó los muros de Jerusalén que estaban derribados y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. El actuó prudentemente porque había muchos enemigos.
A través de Nehemías podemos saber que los líderes tienen que ser hombres de oración. Él siempre oraba primero, luego actuaba. Él pedía la ayuda de Dios. Y le pidió sabiduría. También el líder tiene que ser prudente. Tiene que hablar con cuidado porque su lengua puede dañar la obra de Dios. El líder tiene que entender bien la situación. Nehemías escuchó sobre la situación de Jerusalén durante tres días. El líder tiene que actuar concretamente. Él fue a ver el muro con sus ojos. Él era un hombre de acción. El líder tiene que saber cómo motivar al pueblo. Después de orar, escuchar la situación y ver con sus ojos, él motivó al pueblo para que se levantase para la obra de Dios.
Leamos el v17: “Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puerta consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio”. Nehemías tocó el corazón de ellos hablando de la situación miserable de su pueblo. Y los llamó a la obra de Dios. “Venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio”. Además él plantó la fe en el corazón del pueblo. El v18 dice que él declaró cómo la mano de su Dios había sido buena sobre él. Cuando el pueblo estaba motivado y tenía fe en Dios, dijeron: “Levantémonos y edifiquemos”.
El muro protege de la invasión de otros pueblos. Para el pueblo de Israel el muro tenía un sentido espiritual de no mezclarse con los pueblos ajenos. Sin muro, la ciudad iba a ser invadida, y el pueblo iba a perder su identidad de pueblo de Dios. Nosotros estamos muy claros en que la universidad es el centro de la sociedad, donde están los futuros líderes del pueblo, los jóvenes potenciales. Si la universidad se recupera en Dios, podemos ver la restauración espiritual de nuestro pueblo rápidamente.
Como estudiamos la historia del movimiento evangélico universitario, la universidad influye grandemente a la sociedad. Pero lamentablemente la universidad está sufriendo por la invasión del pecado, porque no tiene muro espiritual. Los jóvenes universitarios encuentran los estudios humanos sin filtración y se contaminan fácilmente. Cuando la evolución se publicó por Charles Darwin, los jóvenes de la universidad de Cambridge fueron muy afectados. Cuando el materialismo se levantó, fue en la universidad que se desarrollo esa idea.
Actualmente el pluralismo y la relatividad dominan sobre los estudios universitarios. Los jóvenes universitarios son orgullosos y rebeldes, por eso ellos se interesan en los conocimientos contra Dios. La universidad está invadida por el deseo carnal, homosexualidad y el sentimiento de vacío. Muchos jóvenes se suicidan por no tener el sentido de vivir. También hay muchas sectas que enseñan otro evangelio que no está en la Biblia. Es sorprendente saber que la universidad es el centro del negocio de la droga. ¿Por qué la universidad está contaminada tan grandemente? Porque no hay muro espiritual en la universidad. El muro espiritual es la palabra de Dios y la oración. Nosotros queremos levantar a los protagonistas de la obra de Dios en la universidad. Nosotros queremos levantar a los futuros líderes de nuestro pueblo, entonces, nosotros debemos edificar el muro de la universidad.
Primeramente nosotros mismos debemos arrepentirnos. Luego debemos esforzarnos para sembrar la semilla del evangelio y oración en la universidad. Debemos cambiar el ambiente de la universidad para que sea espiritual. Debemos cambiar la universidad en el lugar donde los jóvenes estudian la Biblia y oran para cumplir la voluntad de Dios. Este año tenemos mucho deseo de construir el muro de la universidad. Oro que Dios fortalezca nuestro 1:1 estudio bíblico y grupal para alcanzar la universidad para Dios. Oro que Dios fortalezca nuestra oración para mostrar la gloria de Dios.
En conclusión:
Hoy aprendimos el amor de Nehemías a Dios y a su pueblo. También su arrepentimiento, su petición, sacrificio, y su liderazgo. Oro que Dios levante a muchos líderes del pueblo como Nehemías en nuestro ministerio. Oro que Dios nos ayude a edificar el muro de la universidad.
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M. Esteban Cho (BO)
( 18 de diciembre de 2020 )
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