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Colosenses 1:15-20
1:15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.1:16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
1:17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
1:18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
1:19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
CRISTO, LA PREEMINENCIA EN TODO
CRISTO, LA PREEMINENCIA EN TODO
Colosenses 1:15-20
V, Clave 1:15 “Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”
Como sabemos, este año la Pandemia ha cambiado el mundo en gran manera. La más grande preocupación de la gente ya no era economía, sino la vida. Cuando uno se encuentra entre la vida o la muerte, se pone humilde, sincero y serio con su vida. En medio de pandemia el nombre ‘Cristo’ se brilló como una esperanza en el corazón de la gente. En nuestra adoración última de este año, nos es necesario contemplar detenidamente del Cristo como un resumen del año para su cierre.
Para la iglesia de colosa el nombre ‘Cristo’ estaba bajo la amenaza de la falsa doctrina, engaños e ídolos visibles, etc. Sobre todo la divinidad del Cristo fue atacada. En este contexto histórico, Apóstol Pablo declara la verdad sobre el Cristo en base de la palabra y sus obras.
En la palabra de hoy hay tres palabras o contenido de clave: Cristo, Preeminencia y Todo. En esta última adoración del año 2020, oro que Dios nos ayude a conocer quién es el Cristo esencialmente.
Primero, Cristo es la imagen del Dios invisible (15ª). Vamos a leer el v15a. “Cristo es la imagen del Dios invisible”. Dios es Espíritu e invisible. Con nuestros ojos no podemos ver a Dios directamente a menos que Dios lo permite a alcance de nuestra visibilidad. En el libro Éxodo, a Moisés se le permitió ver a Dios cara a cara en el monte Sinaí. Sin embargo, Dios no es un ser físico y visible, sino es el Espíritu que supera por alto a nuestra visibilidad esencialmente. Como los que miran al sol sin lentes especiales pierden su vista, los que ven a Dios directamente no pueden vivir por su santidad sumamente gloriosa.
Sin embargo, según su misericordia grande, El Dios invisible nos permitió verle mediante Cristo. Cristo es la imagen del Dios invisible. ‘Imagen’ puede traducirse ‘semejanza (Génesis 1:26)’ o ‘esencia’. Aunque Cristo vino a este mundo en carne, esencialmente Cristo tiene ‘la esencia de toda divinidad’. Dios se manifestó a sí mismo en forma visible mediante Cristo. Esta palabra niega la suposición que Cristo no es el Dios santo. Los que niegan su deidad o divinidad son los falsos maestros que quieren negar la obra de salvación mesiánica en el efecto del perdón del pecado.
Aquellos días en la iglesia de colosa había muchos falsos maestros. “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo.” (Col 2:8) Ellos reconocieron la obra de Cristo, pero negaban su deidad. E intentaban a descreditar la efectividad del perdón del pecado. Pero aquí apóstol Pablo declara con certeza que Cristo es la imagen del Dios invisible. En su esencia Cristo es el Dios mismo. San Juan1:18 dice “A Dios nadie lo ha visto jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.” Jesús mismo dijo también a su discípulo Felipe. “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: “Muéstranos el Padre”?” (Jn 14:9) Mediante su obra y su vida misma, Cristo manifestó la divinidad de Dios plenamente para que no pudiera caber menor duda. ¡Alabo al Cristo quien siendo el Dios mismo se hizo carne para salvar mi alma del poder del pecado!
Segundo, Cristo es el Creador(15b-16). Leamos el v15b. “el primogénito de toda creación,” Conocemos y creemos que Cristo es el Hijo de Dios. El término con el cual debemos tener cuidado para comprender es ‘primogénito’. Aquí ‘el primogénito’ no quiere decir sencillamente ‘el hijo mayor’, sino ‘El primogénito’ en lenguaje original, griego es ‘πρωτότοκος (prōtotokos)’ que significa ‘el preeminente en rango’. Cristo no es una criatura, sino él es preeminente en todas las cosas en su rango y de él procede toda criatura.
A su vez, El verso16 confirma el significado de esta palabra. Vamos a leer el v16 juntos. “porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” En Cristo fueron creadas todas las cosas; visibles o invisibles; los universos, el mundo de los espíritus o sea los ángeles, todos los poderes de los cielos y de esta tierra. Todos fueron creados por medio de él y para él. Cristo es el creador y creó todo para él.
Los cristianos colosenses también estaban viviendo en una cultura de muchos ídolos y recibían falsas enseñanzas. Esta palabra nos enseña que todas las cosas que existen en este mundo no pueden ser el objeto de nuestra adoración, sino solo Cristo es digno de nuestra adoración, porque todo fue creado por medio de él y para él. Así debemos adorarlo y temer de él.
Muchos cristianos aman decir ‘Cristo me ama, y él está conmigo’, pero no lo temen. Un pastor cometió una relación indebida con una hermana de la iglesia y fue acusado y encarcelado. Él confesó en la cárcel, diciendo “yo, si, amaba a Cristo, pero no lo temía”. Cristo es el Dios creador. Él tiene potestad de juzgar a toda criatura incluso a los ángeles. Fuimos creados por medio de él y para él. Cuando tengamos el temor reverente de él, podemos adorar y amarle en el sentido verdadero.
Tercero, todas las cosas en él subsisten (17). Cristo creó todas las cosas, pero ¿Qué hace con esta creación actualmente? ¿el mundo está fuera de su control? Vamos a leer el verso 17. “Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” Aquellos días había gente que creía en el Dios creador, pero negaba su providencia. ‘Deísmo’ es una idea que afirma la existencia de un creador del universo y primera causa del mundo, pero niega la providencia divina y su revelación. Pero la palabra dice que en Cristo todas las cosas subsisten. Cristo murió, resucitó y ascendió al cielo y ahora está intercediendo por nosotros y guiando nuestro caminar en su providencia.
Cuando creemos en su soberanía sobre el universo y en él subsiste la historia humana y nuestra vida, no caemos en frustración ni desesperación por las adversidades como pandemia u otras cosas, sino podemos ser fieles a nuestra vida actual y seguir adelante en confianza y convicción.
Sea que damos cuenta o no, Cristo nos lleva a un camino de vida en su providencia. Es una gran bendición tener una vida bajo su guía perfecta. A Cada altura que Cristo nos lleva nos hará tener un mirador hermoso sobre nuestra vida pasada con toda claridad. Por lo tanto, podemos llevar una vida de confianza en nuestro Cristo en quien subsiste todo.
Cuarto, Cristo es la cabeza de la iglesia (18). Vamos a leer el v18. “Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia, y es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” Cristo es la cabeza de la iglesia. ‘Iglesia’ es ‘una congregación de los creyentes que profesan su fe en Cristo’, no es ‘un edificio físico’. Es el cuerpo del Cristo. En este sentido Iglesia es una comunidad de la vida muy orgánica con Cristo. ‘la cabeza’ tiene el control de todo cuerpo. Sin cabeza el cuerpo no puede existir. Por lo tanto, la iglesia debe ser unida y centrada en Cristo, siguiendo su orden, su guía y su gloria.
También el verso 18b dice “Cristo es el principio, el primogénito de entre los muertos’. Cristo se hizo cabeza de la iglesia por su resurrección de entre los muertos. “Pero ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que murieron es hecho” (1 Co 15:20) A lo largo de toda la Biblia había algunos resucitados (1 reyes 17:20-21, 2 reyes 4:35, Mateo 27:52-53, Juan 11:43-44). Pero la gran diferencia entre la resurrección del Cristo y de los hombres era la calidad de su resurrección. Los hombres resucitados solo revivieron un rato y, pero otra vez murieron. Ellos no conquistaron el poder de la muerte. Pero Cristo resucitó de entre los muertos y no murió más. Cristo venció el poder de la muerte y tiene el control aún sobre la muerte. En este sentido Cristo tiene en toda preeminencia. Él es el único que tiene el poder sobre la muerte y puede darnos la salvación segura.
Vacuna contra Covid-19 trae al mundo mucha esperanza de superar la amenaza de muerte. Se consideró que esta vacuna era un regalo de Dios en Navidad. Aún así nosotros debemos morir algún día. Sin embargo, Cristo nació en este mundo, siendo principio y el primogénito de entre los muertos, venciendo la muerte, nos trae la vida nueva y eterna que nos hace vencer la muerte. Alabo al Cristo por esta preeminente verdad. Oro que Cristo sea nuestra vacuna y cura eterna para que podamos llevar una vida que conquista el poder de la muerte en él.
Quinto, Cristo, el reconciliador mediante la sangre (19-20). En verso 19 y 20, aprendemos que en Cristo habita toda la plenitud. Aún los cristianos buscan una plenitud con las cosas seculares con falsa esperanza. Pero, en el mundo no existe lo que pueda llenar nuestra alma y corazón con plenitud. Siendo el primogénito de entre los muertos, la plenitud de vida llegó a su iglesia. Cristo nos trae su plenitud; Plenitud de gracia y verdad. Plenitud de vida y luz. Plenitud de poder y amor. Etc. A medida que crecemos en él, nos llenamos de esa plenitud, dejándonos sin querer más otras cosas del mundo.
Sobre todo, en Cristo nos acercamos al Dios padre y hallamos la plenitud de salvación y vida. Y llegamos a ser reconciliados con el Padre celestial y también con todos los hombres en nuestro alrededor por la fuerza poderosa de la sangre de la cruz. ¡Alabo al Cristo que nos llena en todo!
Como conclusión, Cristo es preeminente sobre toda creación, siendo el creador, sustentador, cabeza de la iglesia, el vencedor a la muerte y el reconciliador entre Dios y nosotros. Confesar que Jesús es mi Cristo nos da la seguridad inmovible en este mundo inseguro y cambiante. Alabemos al Señor quien nos dio el gran triunfo en Cristo este año que fue tan difícil. Oro que Cristo siga siendo la preeminencia de nuestra vida en el año nuevo.
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