Mateo 1:18-25

1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
1:19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
1:20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
1:23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
1:24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
1:25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

EMANUEL, DIOS CON NOSOTROS


Buenos días. ¡Feliz Navidad! Me alegro mucho que podamos compartir juntos este día. Hoy estamos celebrando el nacimiento de una persona muy especial que se llama Jesús. Pero hoy vamos a aprender un nombre suyo con el que quizás no estemos familiarizados, y que le da título a este mensaje. ¿Cuál es ese nombre? ¡Emanuel! ¿Y qué significa? ¡Dios con nosotros! Hoy vamos a aprender por qué a ese niño que nació en Belén lo llamaron Jesús, pero por qué también lo conocemos como Emanuel. Oro para que hoy Jesús nazca en sus corazones y puedan experimentar en sus vidas a Emanuel, Dios con nosotros. Amén.

El 24 de Diciembre todo el mundo cristiano celebra la Nochebuena que no es más que la víspera de la celebración del nacimiento de Jesús. Los niños reciben regalos. 
Los adultos comen y beben alegremente. Pero, irónicamente, pocos se acuerdan del que debe ser agasajado, de Aquel cuyo nacimiento es celebrado, de Jesús de Nazaret. Seguramente ustedes ya conocen bien la historia de la Navidad. La habrán oído miles de veces. Hay películas acerca de ella. Hay una muy buena que se llama Natividad que salió en el 2006, si no la han visto, se las recomiendo. También hay un canal de Youtube que se llama Superlibro que tiene historias bíblicas muy interesantes para niños. Ellos tienen un episodio titulado: “La Primera Navidad”. Mi familia y yo lo vimos el año pasado y lo volveremos a ver este año también. Se los recomiendo así no tengan niños.

De hecho, la historia se ha contado tantas veces, que han tratado de darle giros diferentes. Recientemente agregaron en Netflix una película que mi familia y yo vimos en el cine hace algunos años, La Estrella de Belén. Allí cuentan la historia del nacimiento de Jesús desde la perspectiva de los animales. Está muy bonita e interesante. Si tienen la oportunidad de verla, se las recomiendo. Sin embargo, el mensaje de hoy no es acerca de recomendaciones cinematográficas o de entretenimiento, lo que intento mostrarles es que muchas veces nos olvidamos de qué trata la Navidad. Jesús pierde el protagonismo de su propio nacimiento. En algunos relatos el protagonismo recae sobre su madre María; y en la película La Estrella de Belén, el protagonismo recae sobre los animales, especialmente sobre un burrito. 

Increíblemente no pasa sólo en las películas. En nuestras vidas, en nuestras navidades, el protagonismo recae sobre otras cosas: los regalos, la comida, la bebida; y no sobre Jesús. Hasta un gordo con traje rojo le roba protagonismo a Jesús. Pero hoy quiero traerlo al centro del escenario. Hoy quiero poner a Jesús en el lugar que le corresponde. Y mi oración es que Jesús pueda ser el protagonista de sus navidades este año. Qué a partir del día de hoy, Jesús sea lo principal no sólo en la Navidad sino en toda sus vidas. Amén.

Miren el v.18. El apóstol Mateo nos deja bien en claro quién es el protagonista de la historia que va a contar. Aunque no va a empezar a hablar de Él sino de sus padres, él comienza diciendo que “el nacimiento de Jesucristo fue así”. Hoy vamos a hablar del nacimiento de Jesús. Cómo fue, cuál fue su propósito y qué significado tiene para nosotros. Aunque también vamos a hablar de sus padres, el centro de todo es Jesús.

 María la madre de Jesús era una jovencita que estaba desposada con un hombre de Nazaret de Galilea llamado José. Aquí desposado significa que ellos estaban comprometidos para casarse. Las costumbres de aquella época eran muy diferentes a las de la nuestra. El hombre iba a la casa de la joven con quien se casaría para pedirle a su padre que le diera su mano. Entregaba una serie de regalos conocida como dote y si el padre aceptaba, entonces ellos estaban desposados o comprometidos. El desposorio no es como el noviazgo actual. Era una relación de compromiso muy formal, casi como el matrimonio, pero sin los beneficios que el matrimonio da. Los desposados no pueden cohabitar y apenas se ven. El hombre tiene que preparar la casa donde vivirán y la joven debe prepararse durante todo un año para la noche de bodas, bañándose en perfumes. 

Así que aunque José y María estaban prácticamente casados, ellos no habían formalizado su matrimonio y por lo tanto no habían tenido relaciones íntimas tampoco. Pues eso también era bien diferente en aquella época. Las personas no podían tener relaciones hasta que se casaran. Pero, ¿qué dice el v.18? Que antes de que se juntasen, se halló que María había concebido del Espíritu Santo. María no había tenido relaciones con José, pero quedó embarazada. La Biblia dice que fue por obra del Espíritu Santo. ¿Qué sucede después?

Miren el v.19. José no creyó que María hubiese concebido del Espíritu Santo. Además, si conocemos bien la historia, María estaba donde su prima Elisabet por unos meses cuando empezó a crecer la barriguita. Así que si ella estaba lejos, José no tenía manera de saber si ella lo había engañado o no. Sin embargo, siendo él un hombre justo quiso divorciarse de María secretamente, pues si denunciaba públicamente que su desposada había quedado embarazada y el hijo no era suyo, entonces a María la iban a matar a pedradas por adúltera como establece Dt. 22:23-24: “Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.”

Creo que todos los hombres podemos entender a José. Él pensaba lo que cualquiera de nosotros pensaría. Él no tenía idea de la gran gracia que Dios le estaba otorgando al venir a la Tierra a través de su familia. Él no tenía manera de corroborar lo que María le decía, que había concebido el Espíritu Santo. No podemos culpar a José de nada. De hecho estaba siendo todo un caballero y mostrando amor a María al tratar de dejarla secretamente. Pero, vamos a ver lo que pasó después.

Miren el v.20. Un ángel del Señor se le apareció en sueños a José para aclararle que verdaderamente el Espíritu Santo era el que había dejado embarazada a María. ¿Ustedes pueden imaginar eso? Seguramente José se fue a dormir preocupado, despechado por la presunta traición de María, quizás escuchando un vallenato: “Los caminos de la vida no son como yo pensaba, no son como yo creía…” Y en medio de su sueño se le apareció este ángel y le dio esta noticia. Es muy difícil de creer. A lo mejor yo me hubiera despertado pensando que todo fue porque me acosté pensando en ese asunto y que el sueño fue producto de mi imaginación. Pero José sí tuvo fe. Y aunque la noticia era muy difícil de creer, en el v.24 vemos que él la creyó. ¡Él era verdaderamente justo!   

Pero el ángel no solo le reveló que María había concebido del Espíritu Santo, sino que también le reveló el plan de Dios y el propósito para su vida. Miren el v.21. Después de decirle que María había quedado embarazada por el Espíritu Santo, sin intervención de hombre alguno, es claro que este niño es especial. Después de María no ha quedado ninguna mujer embarazada por el Espíritu Santo, no importa lo que ella diga. Este fue un hecho único en la historia y no volverá a ocurrir jamás. El hecho de que Jesús fuese concebido en María por obra del Espíritu Santo, tiene una razón particular. 

Ha habido muchos otros grandes hombres de Dios en la Biblia que han nacido para cumplir un propósito divino. Muchos fueron anunciados también por ángeles como Sansón o Juan el Bautista, el primo de Jesús. Pero todos ellos nacieron por una relación entre un hombre y una mujer. Sin embargo, ¿Por qué Jesús no nació de una relación entre José y María? El ángel le dijo a José que el niño debía llamarse Jesús porque “Él salvará al pueblo de sus pecados”. ¿Saben qué significa el nombre Jesús? Lo mismo que significa el nombre Josué: “Jehová salva”. Jesús vino para salvar al mundo de sus pecados. Esta es la razón por la que nació de forma sobrenatural, por obra del Espíritu Santo, y es la razón por la cual se llama Jesús. 

Nosotros los seres humanos tenemos un gravísimo problema llamado pecado. En palabras simples el pecado es hacer lo que a Dios no le agrada o no hacer lo que a Dios le agrada. Adán y Eva, los padres de toda la humanidad, pecaron desobedeciendo a Dios. Comiendo de un fruto que Dios expresamente les había prohibido comer. Ellos se rebelaron contra Dios y su mandamiento. La rebeldía de Adán y Eva ha pasado a cada uno de nosotros. Cada vez que nace un niño producto de la relación de un hombre y una mujer, nace también con la misma naturaleza rebelde que Adán y Eva y con la inclinación natural a hacer lo que a Dios no le agrada. Con la inclinación al pecado.

¿Ustedes saben cuál es la mayor consecuencia del pecado? Nos separa de Dios. Nosotros no podemos estar con Dios a causa de nuestros pecados. ¿Saben cuál es la otra consecuencia del pecado? La muerte. Nosotros morimos porque tenemos pecado. Las enfermedades y la muerte entraron al mundo como consecuencia del pecado. Pero, como Jesús nació por obra del Espíritu Santo, sin intervención de un hombre, no heredó la naturaleza rebelde de Adán y Eva. Así que Él nació sin pecado. Por lo tanto, no debía morir. Pero, creo que ya todos sabemos que Jesús murió cruelmente en una cruz en el Monte Calvario. ¿Por qué Jesús murió así si no tenía pecado? Porque Él no murió por su propio pecado sino por los pecados de todos y cada uno de nosotros. Jesús murió en la cruz de forma tan terrible porque Él estaba pagando por tus pecados y por los míos. Él pagó en la cruz la deuda que nosotros teníamos con Dios. ¿Para qué? Para que nosotros pudiésemos ser salvos.

No hay manera de que nosotros nos deshagamos de los pecados que tenemos. Solamente Jesús tiene el poder para perdonar nuestros pecados porque Él pago por ellos en la cruz del Calvario. Este es el verdadero mensaje de la Navidad. Este es el verdadero regalo de Navidad de Dios para nosotros. Dios nos ha regalado la salvación y el perdón de nuestros pecados a través de la muerte redentora de Jesús. ¿Qué tenemos que hacer nosotros para recibir este regalo de Dios? Solamente debemos reconocer que somos pecadores y aceptar el sacrificio que Jesús hizo por nosotros. Así de simple. No necesitamos hacer obras para pagar por nuestros pecados. Aunque hiciéramos todas las obras del mundo, jamás podríamos pagar el precio de nuestros pecados ante Dios. Pero Jesús, el Salvador, ya los pagó. ¿No es esto maravilloso? ¿No es la mejor noticia que hayan oído en sus vidas? 

El nombre de Jesús nos dice el propósito por el cual Él nació, para salvar a su pueblo de sus pecados. Pero, el título de este mensaje no es Jesús, el Salvador. ¿Cuál es? Emanuel, Dios con nosotros. Así que vamos a ver qué significa este nombre Emanuel. 

Miren los vv. 22-23. Según Mateo, el nacimiento de Jesús cumple una profecía que pronunció el profeta Isaías unos 700 años antes de que Jesús naciese y que la podemos encontrar en Is. 7:14. Isaías habló estas palabras al rey Acaz de Judá, que era el pueblo de Dios en aquella época, pues Israel, el reino del norte gobernado por un rey malvado, y Asiria, la mayor potencia del mundo en aquel entonces, amenazaban con destruir a Judá. Acaz buscaba hacer una alianza con el poderoso Egipto para hacerles frente, pero Isaías le pedía que confiara en Jehová y que no hiciera alianza con Egipto. Isaías le dijo que pidiera una señal de Dios para que viera que así debía actuar. Pero Acaz ya había resuelto hacer la alianza con Egipto porque no confiaba en que Jehová lo libraría, así que se rehusó a pedir señal. Así que Isaías le dio esta señal que acabamos de leer y que se cumplió en Jesús quien es Emanuel. 

Emanuel es el nombre más reconfortante que podemos encontrar en la Biblia. Significa Dios con nosotros, o Dios a nuestro favor. Cuando nuestros pecados hicieron que fuese imposible que nosotros nos acercáramos a Dios, ¿qué hizo Dios? Él se acercó a nosotros en la forma de este bebé Jesús. A pesar de que nosotros somos pecadores y que lastimamos constantemente el corazón de Dios, Él nunca renunció a nosotros, y vino a la Tierra en la forma de un pequeño bebé llamado Jesús. Dios se despojó de su trono, de su poder, de su majestad. Vino a la Tierra como un bebé indefenso. Padeció hambre y sed como nosotros. Fue tentado en todo, pero sin pecado. ¿Para qué? Para convertirse en el sacrificio perfecto por la humanidad. ¿Por qué hizo esto? Porque te ama. Te ama tanto que renunció a todo para morir en la cruz por ti. Sufrió todo ese dolor para quitar la barrera de pecado que te separaba de Él. 

¿Y tú, qué has hecho? ¿Te arrepentiste de tus pecados y aceptaste el sacrificio de Jesús por ti? ¿O sigues viviendo en tus pecados rechazando ese amor de Dios? Dios está tan a tu favor que nos ha movido a nosotros para hacer este culto especial de navidad e invitarte solamente para que tú puedas aceptar su regalo de amor. Dios te ama tanto que armó esta fiesta sólo para celebrar que vas a aceptar su regalo. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a aceptar a Jesús como tu salvador? ¿Vas a experimentar a Emanuel, Dios con nosotros en tu vida? O, ¿vas a rechazar el regalo de Dios en el día de hoy? Es tu decisión. Dios ya tomó la suya. Él tomó un cuerpo humano y vino a la Tierra a morir por ti. Ahora todo depende de ti.

Hace muchos años yo acepté este regalo de amor de Dios. El niño Jesús nació en mi corazón en el año 2000, hace ya veinte años, cuando lo recibí como mi Señor y Salvador. Yo vivía una vida pecaminosa y perdida, buscando el amor de las chicas y viviendo como un ateo, pero Jesús vino y nació en mi corazón, y cambió completamente mi vida. Ahora sé que Él es Emanuel, Dios con nosotros, y lo experimento cada día en mi vida. Aunque soy un débil pecador, sé que Dios está conmigo cada día con Su Espíritu Santo y me fortalece en la batalla espiritual. He podido experimentar el amor y la gracia de Dios a lo largo de todo este tiempo, y siento a Jesús, Emanuel, Dios con nosotros, cada día conmigo. 

Si tú quieres experimentar a Emanuel en tu vida también, acepta a Jesús como tu Salvador y abandona tu vida pecaminosa, cámbiala por una que agrade a Dios. Si quieres dar ese paso tan importante en tu vida, te invito que allí donde estás cierres tus ojos y repitas conmigo esta oración: Padre, te doy las gracias por haber enviado a Jesús a este mundo como un pequeño bebé, creciendo como un hombre sin pecado para morir en la cruz y salvarme. Reconozco que soy un pecador y que sólo tú puedes perdonarme y salvarme. Acepto el sacrificio que Jesús hizo en la cruz en mi lugar y te pido que vengas a vivir a mi corazón como Emanuel, Dios con nosotros. Ayúdame a seguir tu camino de ahora en adelante y que más nunca lo abandone. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén. 

Si hiciste esta oración conmigo ya diste tu primer paso en la dirección correcta. Ahora sólo debes aprender cómo quiere Dios que vivas tu nueva vida por medio de estudiar la Biblia. Nosotros estamos acá cada domingo aprendiendo el camino de Dios y estás invitado a venir cuando quieras. Bienvenido a la familia de Dios. Jesús es el Salvador, Emanuel, Dios con nosotros. Amén.

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