Éxodo 36:8 - 39:43

36:8 Todos los sabios de corazón de entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; las hicieron con querubines de obra primorosa.
36:9 La longitud de una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos; todas las cortinas eran de igual medida.
36:10 Cinco de las cortinas las unió entre sí, y asimismo unió las otras cinco cortinas entre sí.
36:11 E hizo lazadas de azul en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie; e hizo lo mismo en la orilla de la cortina final de la segunda serie.
36:12 Cincuenta lazadas hizo en la primera cortina, y otras cincuenta en la orilla de la cortina de la segunda serie; las lazadas de la una correspondían a las de la otra.
36:13 Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazó las cortinas una con otra, y así quedó formado un tabernáculo.
36:14 Hizo asimismo cortinas de pelo de cabra para una tienda sobre el tabernáculo; once cortinas hizo.
36:15 La longitud de una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos; las once cortinas tenían una misma medida.
36:16 Y unió cinco de las cortinas aparte, y las otras seis cortinas aparte.
36:17 Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la cortina que estaba al extremo de la primera serie, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la cortina final de la segunda serie.
36:18 Hizo también cincuenta corchetes de bronce para enlazar la tienda, de modo que fuese una.
36:19 E hizo para la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y otra cubierta de pieles de tejones encima.
36:20 Además hizo para el tabernáculo las tablas de madera de acacia, derechas.
36:21 La longitud de cada tabla era de diez codos, y de codo y medio la anchura.
36:22 Cada tabla tenía dos espigas, para unirlas una con otra; así hizo todas las tablas del tabernáculo.
36:23 Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo; veinte tablas al lado del sur, al mediodía.
36:24 Hizo también cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla, para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas.
36:25 Y para el otro lado del tabernáculo, al lado norte, hizo otras veinte tablas,
36:26 con sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla.
36:27 Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas.
36:28 Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas,
36:29 las cuales se unían desde abajo, y por arriba se ajustaban con un gozne; así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas.
36:30 Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.
36:31 Hizo también las barras de madera de acacia; cinco para las tablas de un lado del tabernáculo,
36:32 cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo hacia el occidente.
36:33 E hizo que la barra de en medio pasase por en medio de las tablas de un extremo al otro.
36:34 Y cubrió de oro las tablas, e hizo de oro los anillos de ellas, por donde pasasen las barras; cubrió también de oro las barras.
36:35 Hizo asimismo el velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; lo hizo con querubines de obra primorosa.
36:36 Y para él hizo cuatro columnas de madera de acacia, y las cubrió de oro, y sus capiteles eran de oro; y fundió para ellas cuatro basas de plata.
36:37 Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador;
36:38 y sus cinco columnas con sus capiteles; y cubrió de oro los capiteles y las molduras, e hizo de bronce sus cinco basas.
37:1 Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia; su longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.
37:2 Y la cubrió de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una cornisa de oro en derredor.
37:3 Además fundió para ella cuatro anillos de oro a sus cuatro esquinas; en un lado dos anillos y en el otro lado dos anillos.
37:4 Hizo también varas de madera de acacia, y las cubrió de oro.
37:5 Y metió las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca.
37:6 Hizo asimismo el propiciatorio de oro puro; su longitud de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.
37:7 Hizo también los dos querubines de oro, labrados a martillo, en los dos extremos del propiciatorio.
37:8 Un querubín a un extremo, y otro querubín al otro extremo; de una pieza con el propiciatorio hizo los querubines a sus dos extremos.
37:9 Y los querubines extendían sus alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio; y sus rostros el uno enfrente del otro miraban hacia el propiciatorio.
37:10 Hizo también la mesa de madera de acacia; su longitud de dos codos, su anchura de un codo, y de codo y medio su altura;
37:11 y la cubrió de oro puro, y le hizo una cornisa de oro alrededor.
37:12 Le hizo también una moldura de un palmo menor de anchura alrededor, e hizo en derredor de la moldura una cornisa de oro.
37:13 Le hizo asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y los puso a las cuatro esquinas que correspondían a las cuatro patas de ella.
37:14 Debajo de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metían las varas para llevar la mesa.
37:15 E hizo las varas de madera de acacia para llevar la mesa, y las cubrió de oro.
37:16 También hizo los utensilios que habían de estar sobre la mesa, sus platos, sus cucharas, sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, de oro fino.
37:17 Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.
37:18 De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero.
37:19 En un brazo, tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro brazo tres copas en figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelero.
37:20 Y en la caña del candelero había cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores,
37:21 y una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, conforme a los seis brazos que salían de él.
37:22 Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro.
37:23 Hizo asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.
37:24 De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios.
37:25 Hizo también el altar del incienso, de madera de acacia; de un codo su longitud, y de otro codo su anchura; era cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza.
37:26 Y lo cubrió de oro puro, su cubierta y sus paredes alrededor, y sus cuernos, y le hizo una cornisa de oro alrededor.
37:27 Le hizo también dos anillos de oro debajo de la cornisa en las dos esquinas a los dos lados, para meter por ellos las varas con que había de ser conducido.
37:28 E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de oro.
37:29 Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro, aromático, según el arte del perfumador.
38:1 Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura.
38:2 E hizo sus cuernos a sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y lo cubrió de bronce.
38:3 Hizo asimismo todos los utensilios del altar; calderos, tenazas, tazones, garfios y palas; todos sus utensilios los hizo de bronce.
38:4 E hizo para el altar un enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta la mitad del altar.
38:5 También fundió cuatro anillos a los cuatro extremos del enrejado de bronce, para meter las varas.
38:6 E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de bronce.
38:7 Y metió las varas por los anillos a los lados del altar, para llevarlo con ellas; hueco lo hizo, de tablas.
38:8 También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.
38:9 Hizo asimismo el atrio; del lado sur, al mediodía, las cortinas del atrio eran de cien codos, de lino torcido.
38:10 Sus columnas eran veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.
38:11 Y del lado norte cortinas de cien codos; sus columnas, veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.
38:12 Del lado del occidente, cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.
38:13 Del lado oriental, al este, cortinas de cincuenta codos;
38:14 a un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas y sus tres basas;
38:15 al otro lado, de uno y otro lado de la puerta del atrio, cortinas de quince codos, con sus tres columnas y sus tres basas.
38:16 Todas las cortinas del atrio alrededor eran de lino torcido.
38:17 Las basas de las columnas eran de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata; y todas las columnas del atrio tenían molduras de plata.
38:18 La cortina de la entrada del atrio era de obra de recamador, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; era de veinte codos de longitud, y su anchura, o sea su altura, era de cinco codos, lo mismo que las cortinas del atrio.
38:19 Sus columnas eran cuatro, con sus cuatro basas de bronce y sus capiteles de plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas, y sus molduras, de plata.
38:20 Todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor eran de bronce.
38:21 Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés por obra de los levitas bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón.
38:22 Y Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés.
38:23 Y con él estaba Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, diseñador y recamador en azul, púrpura, carmesí y lino fino.
38:24 Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, el cual fue oro de la ofrenda, fue veintinueve talentos y setecientos treinta siclos, según el siclo del santuario.
38:25 Y la plata de los empadronados de la congregación fue cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario;
38:26 medio siclo por cabeza, según el siclo del santuario; a todos los que pasaron por el censo, de edad de veinte años arriba, que fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.
38:27 Hubo además cien talentos de plata para fundir las basas del santuario y las basas del velo; en cien basas, cien talentos, a talento por basa.
38:28 Y de los mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó.
38:29 El bronce ofrendado fue setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos,
38:30 del cual fueron hechas las basas de la puerta del tabernáculo de reunión, y el altar de bronce y su enrejado de bronce, y todos los utensilios del altar,
38:31 las basas del atrio alrededor, las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del tabernáculo y todas las estacas del atrio alrededor.
39:1 Del azul, púrpura y carmesí hicieron las vestiduras del ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Jehová lo había mandado a Moisés.
39:2 Hizo también el efod de oro, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido.
39:3 Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa.
39:4 Hicieron las hombreras para que se juntasen, y se unían en sus dos extremos.
39:5 Y el cinto del efod que estaba sobre él era de lo mismo, de igual labor; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehová lo había mandado a Moisés.
39:6 Y labraron las piedras de ónice montadas en engastes de oro, con grabaduras de sello con los nombres de los hijos de Israel,
39:7 y las puso sobre las hombreras del efod, por piedras memoriales para los hijos de Israel, como Jehová lo había mandado a Moisés.
39:8 Hizo también el pectoral de obra primorosa como la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido.
39:9 Era cuadrado; doble hicieron el pectoral; su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura, cuando era doblado.
39:10 Y engastaron en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera era un sardio, un topacio y un carbunclo; esta era la primera hilera.
39:11 La segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante.
39:12 La tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista.
39:13 Y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe, todas montadas y encajadas en engastes de oro.
39:14 Y las piedras eran conforme a los nombres de los hijos de Israel, doce según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre, según las doce tribus.
39:15 Hicieron también sobre el pectoral los cordones de forma de trenza, de oro puro.
39:16 Hicieron asimismo dos engastes y dos anillos de oro, y pusieron dos anillos de oro en los dos extremos del pectoral,
39:17 y fijaron los dos cordones de oro en aquellos dos anillos a los extremos del pectoral.
39:18 Fijaron también los otros dos extremos de los dos cordones de oro en los dos engastes que pusieron sobre las hombreras del efod por delante.
39:19 E hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en su orilla, frente a la parte baja del efod.
39:20 Hicieron además dos anillos de oro que pusieron en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, cerca de su juntura, sobre el cinto del efod.
39:21 Y ataron el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para que estuviese sobre el cinto del mismo efod y no se separase el pectoral del efod, como Jehová lo había mandado a Moisés.
39:22 Hizo también el manto del efod de obra de tejedor, todo de azul,
39:23 con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese.
39:24 E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino torcido.
39:25 Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas;
39:26 una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés.
39:27 Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos.
39:28 Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino torcido.
39:29 También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés.
39:30 Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ.
39:31 Y pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba, como Jehová lo había mandado a Moisés.
39:32 Así fue acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo de reunión; e hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado a Moisés; así lo hicieron.
39:33 Y trajeron el tabernáculo a Moisés, el tabernáculo y todos sus utensilios; sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas, sus basas;
39:34 la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la cubierta de pieles de tejones, el velo del frente;
39:35 el arca del testimonio y sus varas, el propiciatorio;
39:36 la mesa, todos sus vasos, el pan de la proposición;
39:37 el candelero puro, sus lamparillas, las lamparillas que debían mantenerse en orden, y todos sus utensilios, el aceite para el alumbrado;
39:38 el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina para la entrada del tabernáculo;
39:39 el altar de bronce con su enrejado de bronce, sus varas y todos sus utensilios, la fuente y su base;
39:40 las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina para la entrada del atrio, sus cuerdas y sus estacas, y todos los utensilios del servicio del tabernáculo, del tabernáculo de reunión;
39:41 las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.
39:42 En conformidad a todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.
39:43 Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y los bendijo.

LOS HIJOS DE ISRAEL HICIERON COMO JEHOVÁ HABÍA MANDADO


Buenos días. La semana pasada aprendimos cómo el pueblo de Israel trajo ofrenda voluntaria y generosa a Jehová para construir el Tabernáculo. Sus ofrendas fueron tan generosas que tuvieron lo necesario para construir el Tabernáculo y sobraba. Tanto, que Moisés tuvo que impedir que el pueblo siguiese trayendo ofrenda. Yo oro para que nosotros también tengamos un corazón voluntarioso y generoso como el del pueblo de Israel y que podamos construir juntos el lugar de adoración a Dios de UBF Panamá con nuestras ofrendas, y que así Dios pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

Hoy aprenderemos cómo el pueblo de Israel construyó el Tabernáculo con esas ofrendas. Veremos cómo ellos fueron obedientes a Dios en cada detalle de la construcción del Tabernáculo. Yo oro para que nosotros también seamos obedientes a Dios en cada detalle de nuestras vidas. Que obedezcamos la Palabra de Dios cabalmente cada día de nuestras vidas y que de esa manera podamos vivir en santidad y bajo la bendición de Dios. Y que así Dios nos pueda usar para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa, un pueblo que vive obedeciendo cabalmente la Palabra de Dios. Amén. 

I.- Así fue acabada toda la obra del Tabernáculo (36:8 – 39:32)

Miren el v.39:32a. Esta es la conclusión que hace Moisés de toda la sección que abarca desde el 36:8 – 39:31. Quizás algunos de ustedes se preguntarán, ¿por qué no leímos esa sección? La primera razón es que nos tomaría mucho tiempo leer todo este pasaje bíblico y entonces el Culto Dominical de hoy duraría, cuando menos, media hora más. Por eso les pedí que lo leyeran personalmente durante la semana. La segunda razón, y la principal, es que gran parte de lo que aparece allí descrito es casi una copia exacta de lo que ya aprendimos durante las doce semanas que estuvimos hablando acerca del Tabernáculo. 

En los vv. 36:8-38 se describe la construcción del tabernáculo como tal, la tienda interna que contenía el Lugar Santo y el Lugar Santísimo, de acuerdo con las medidas exactas que Dios instruyó a Moisés en Éx. 26:1-36. De igual manera, continúa describiendo la construcción de todos y cada uno de los muebles del Tabernáculo y de sus utensilios: el Arca del Testimonio con su propiciatorio, en los vv. 37:1-9, tal y como Jehová instruyó a Moisés en Éx. 25:10-22; la mesa de los panes de la proposición, en los vv. 37:10-16, tal como se ordenó en Éx. 25:23-30; el candelero de oro, en los vv. 37:17-24, tal como se ordenó en Éx. 25:31-40; el altar del incienso, en los vv. 37:25-29, tal como se ordenó en Éx. 30:1-10; el altar del holocausto, en los vv. 38:1-7, tal como se ordenó en Éx. 27:1-8; la fuente de bronce, en el v. 38:8, tal como se ordenó en Éx. 30:17-21; el atrio del Tabernáculo, en los vv. 38:9-20, tal como se ordenó en Éx. 27:9-19; y finalmente, las vestiduras sacerdotales, en los vv. 39:1-31, tal como se ordenó en Éx. 28:1-43. Y así fue acabada toda la obra del Tabernáculo.

Sin embargo, hay una sección dentro de ese pasaje bíblico que no se refiere a la construcción del Tabernáculo y de sus muebles y utensilios como tal, sino que hace un recuento de los materiales que se utilizaron para la construcción, y que me gustaría que abordáramos. Miren el v. 38:21. Moisés ordenó a los levitas hacer un recuento de los materiales utilizados para la construcción del Tabernáculo, y los puso bajo el cargo de Itamar, el hijo menor de Aarón. Itamar sería uno de los sacerdotes que ministraría en este santuario que se acaba de terminar de construir. Así que al hacer el recuento de los materiales utilizados, tanto los levitas como los sacerdotes, se darían cuenta de cuán valioso era el Tabernáculo en términos materiales y de cuán generoso había sido el pueblo en sus ofrendas. En realidad, el principal valor de este santuario radicaba en que la presencia de Dios estaría en ese lugar y que desde allí ellos iban a poder adorar a Dios, sin embargo, este recuento de materiales les haría ver también cuánto costó realizarlo y los llevaría a atesorarlo mucho más.

¿Se han dado cuenta cuán fácilmente la gente destruye las cosas públicas? Uno iba a un teléfono público y generalmente estaba vandalizado. Igual una parada de Metrobus, el Metrobus mismo por dentro, o una banca en un parque. La gente destruye estas cosas porque no se detiene a pensar en su valor y porque no tiene sentido de dueño. Pero con este inventario de costos, Dios quiere que el pueblo de Israel entienda el gran valor material que tenía el Tabernáculo, tengan un sentido de dueño y cuiden de Él. Los levitas serían los encargados de cargar con todo esto por el desierto, así que ellos debían estar conscientes del gran valor que tenían las cosas que cargaban y tener gran cuidado de ellas.

Sé que algunos de ustedes estarán pensando: “pero es que ellos debían estimarlas y cuidarlas porque eran las cosas para adorar a Dios y porque a través del Tabernáculo ellos podían llegar a la presencia de Dios. Esas eran cosas santas.” Y este pensamiento es correcto. Pero también las cosas que están en la iglesia cumplen este propósito y se sorprenderían de ver cómo la gente maltrata las sillas y las mesas de la iglesia; las biblias y los himnarios que se les prestan; los instrumentos musicales. Y todo esto se usa en la adoración a Dios, pero no tienen cuidado. ¿Por qué? Porque no tienen sentido de dueño. Debemos tener este sentido de dueño con las cosas de la iglesia y ayudar a cuidarlas. Colaborar en mantener en buen estado las sillas y las mesas; las biblias y los himnarios; el proyector y los instrumentos musicales; porque son para la adoración a Dios. Y cuidarlos especialmente de los niños que no son tan conscientes de esto.

Veamos cuánto metal se usó en la obra de construcción del Tabernáculo. Miren los vv. 38:24-31. Se utilizaron veintinueve talentos y setecientos treinta siclos de oro, según el siclo del santuario, esto es, aproximadamente una tonelada de oro. De plata se utilizó cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario, esto es, más de tres y media toneladas. Y el bronce ofrendado fue setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos, unas dos y media toneladas. En total fueron unas siete toneladas de metales preciosos, sin contar la cantidad de madera, telas finas y cueros finos, especias aromáticas, y piedras preciosas y semipreciosas que se utilizaron. 

El Dr. J. Vernon McGee en su programa radial “A Través de la Biblia” estima que el costo de los materiales para la construcción del Tabernáculo fue de unos cinco millones de dólares. ¡Imagínense, cinco millones de dólares! Así fue la generosidad de las ofrendas del pueblo y éste era el gran valor material que tenía el Tabernáculo. Así que el pueblo debía cuidarlo mucho, pues reemplazar cualquier cosa que se dañara, implicaría un costo muy alto. Sin embargo, como les dije antes, debían atesorar todo este Tabernáculo porque era el lugar en el que podían adorar a Dios y recibían su perdón. De igual manera, tengamos sentido de dueño cuando regresemos a congregarnos juntos los domingos, y cuidemos todo lo que utilizamos para la adoración a Dios. 

Miren nuevamente el v. 39:32. Así acabaron los hijos de Israel la obra del Tabernáculo, e hicieron todo como Jehová le había mandado a Moisés. En este capítulo 39 se menciona diez veces que el pueblo de Israel había hecho todo como Jehová había mandado a Moisés (Éx. 39:1, 5, 7, 21, 26, 29, 31, 32, 42, 43). Y esto es lo más importante que podemos aprender de toda esta construcción del Tabernáculo. También es la razón por la que se describe con detalle cómo lo hicieron en los vv. 36:8 – 39:31, a pesar de ser casi una copia de lo que aparece en los caps. 25 – 30. Moisés pudo haber evitado la fatiga de escribir toda la sección del 36:8 – 39:31 y simplemente decir que los hijos de Israel construyeron el Tabernáculo conforme a lo que Dios había instruido como lo hace aquí. Sin embargo, la intención de Jehová al hacer que Moisés pusiese esto por escrito es que podamos ver cómo ellos obedecieron las instrucciones de Dios al detalle. 

Aunque los hijos de Israel fueron rebeldes a Dios en el pasado y todavía lo serían en el futuro, en sus ofrendas y en la construcción del Tabernáculo los vemos de forma muy diferente. Se muestran como un pueblo obediente y generoso para Dios, y esto viene por la gran gracia que habían recibido de Dios al perdonarles la vida y renovar su pacto con ellos, a pesar de que ellos lo habían quebrantado al hacerse el becerro de oro. Ellos estaban tan agradecidos con Dios por esta misericordia, que fueron generosos con Él y obedientes en la construcción del Tabernáculo. Ellos obedecieron hasta el último detalle de las instrucciones de Dios al construir el Tabernáculo.

De la misma manera, nosotros hemos recibido una gran gracia de Dios en Jesucristo. Teníamos un grave problema que no podíamos solucionar por nosotros mismos que se llama pecado. Somos seres humanos pecaminosos que continuamente deseamos y hacemos lo que está en contra de la voluntad de Dios. Somos personas rebeldes contra Dios que no tienen ningún deseo innato de obedecerle. Pero Dios envió a su Hijo Jesús a la Tierra para morir por nuestros pecados. Jesús vivió una vida como un hombre perfecto, dándonos el ejemplo de cómo debemos vivir. Pero ninguno de nosotros puede alcanzar el estilo de vida de Jesús por sí mismo. Por eso Él no se detuvo allí, sino que murió en la cruz por nuestros pecados, tomando sobre Sí la condenación que nos correspondía. Y luego resucitó al tercer día garantizándonos que Su muerte no fue por Sí mismo sino por nosotros, y que si le aceptamos como nuestro Señor y Salvador, si aceptamos que Él murió en nuestro lugar, Él puede rescatarnos de nuestra vida pecaminosa y darnos la vida eterna.

Nosotros merecíamos morir y ser castigados en el infierno por nuestros pecados, pero sin nosotros merecerlo, Jesús pagó el precio de nuestros pecados y nos regala la salvación y la vida eterna. Entonces, ¿qué deberíamos hacer nosotros? Lo que hizo aquí el pueblo de Israel, debemos ser generosos con Dios y obedecer Su Palabra con lujo de detalles. Debemos obedecer toda su Palabra, hasta el último detalle, como hicieron ellos para hacer hasta el detalle de las molduras de la mesa de los panes de la proposición, o el detalle del diseño de los capiteles de la columna, o las estacas con las que se fijaría el Tabernáculo al suelo. Así, debemos obedecer toda la Palabra de Dios nosotros. 

Sin embargo, muchas veces no queremos obedecer toda la Palabra de Dios, sino solamente lo que nos agrada, lo que no nos incomoda, o lo que nos hace sentido. Tenemos un colador en nuestros oídos que deja pasar solamente lo que me gusta, lo que me agrada o lo que no me incomoda. “Si aceptas a Jesús como tu Salvador, Él te regala la salvación” – entonces respondemos: “¡Aleluya! ¡Acepto a Jesús como mi Salvador para tener la vida eterna en el Reino de Dios!” “¡Qué bien! ¡Gloria a Dios! Pero Él debe ser el Señor de tu vida. Debes obedecerle en todo. Tienes que negarte a ti mismo, tomar tu cruz cada día y seguirle.” – entonces respondemos: “¿Qué? No puedo oírte. Sí acepto a Jesús como mi Salvador y entonces ahora tengo vida eterna”. “Sí. Está bien. Pero no puedes continuar viviendo en fornicación. Ni debes adulterar, porque debes vivir en santidad para Dios.” – entonces respondemos: “Sí. ¡Qué bueno que Jesús es mi Salvador y me regaló la vida eterna! Pero no me parece que tenga nada de malo vivir con mi novia sin casarme. O mirar con lujuria a una mujer en la calle. Vivimos en la gracia de Dios.” 

Queremos recibir los beneficios del evangelio, pero no queremos obedecer la Palabra de Dios al detalle como lo hicieron aquí los hijos de Israel. No podemos decir que somos salvos si estamos viviendo en el pecado, si no estamos obedeciendo la Palabra de Dios. La salvación es gratuita, no hay nada que podamos hacer para alcanzarla, solamente la muerte redentora de Jesús en la cruz puede otorgarla. Pero la evidencia de que Jesús es nuestro Señor y Salvador es una vida santa. Si no llevamos una vida santa, que obedece toda la Palabra de Dios en detalle, entonces no podemos decir que realmente hayamos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador.

Obviamente esto no quiere decir que vamos a dejar de pecar del todo, ojalá y esto fuese así. Pero mientras estemos en este mundo vamos a estar luchando contra nuestra naturaleza pecaminosa que nos inclina a desobedecer a Dios, y la única manera de vencer contra esto, es obedeciendo la Palabra de Dios al detalle. Hacer todo lo que Jehová nos ha mandado como hicieron aquí los hijos de Israel. El propio Jesús le dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jn. 14:15). Si realmente amamos a Jesús y le agradecemos el sacrificio precioso que Él hizo por nosotros, vamos a guardar sus mandamientos. Todos sus mandamientos como aprendimos ya en Ex. 20.

Así que no podemos ser salvos y escoger qué vamos a obedecer y qué no es tan importante obedecer ahora, sino que tenemos que estudiar profundamente la Palabra de Dios, entender lo que Jehová nos dice en ella y hacer todo lo que nos ha mandado. Esto no quiere decir que yo estoy obedeciendo toda la Palabra de Dios perfectamente. Yo también soy pecador y estoy luchando con mi pecado. Y muchas veces soy derrotado por Él. Pero reconozco que eso no está bien, me arrepiento delante de Dios y me dispongo a intentar lo más posible no volver a cometer ese pecado. Esa debe ser nuestra lucha cada día. Debemos luchar para rendirnos al Espíritu Santo y que Él pueda gobernar nuestras mentes y corazones y llevarnos a obedecer a Dios. En lugar de filtrar la Palabra de Dios con mi propio pensamiento y mi propia experiencia y decidir qué acepto de la Palabra de Dios y qué obedezco.

Mi oración es que cada uno de nosotros tenga sus ojos y sus oídos espirituales abiertos a la Palabra de Dios, y que disponga su corazón a obedecer la Palabra de Dios al detalle como lo hicieron los hijos de Israel para la construcción del Tabernáculo. De esa manera podremos vivir vidas santas delante de Dios, viviendo como Jesús vivió en este mundo. Y así podremos colaborar en la obra de convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

 II.- Moisés bendijo a los hijos de Israel (39:33-43)

Miren los vv. 39:33-43. Cuando terminaron de construir y hacer todas las cosas del Tabernáculo. El pueblo de Israel las trajo una por una a Moisés para que las viera y evaluara si estaban hechas conforme al diseño que Dios le dio en el Monte Sinaí. Moisés revisó uno por uno todos los componentes, cada mueble, cada utensilio y todo lo que se usaría para el Tabernáculo. Y halló que todo fue hecho conforme al diseño divino. Los hijos de Israel fueron tan cuidadosos en seguir todas las instrucciones que se le habían dado, que no hubo necesidad de corregir nada, todo estaba perfecto, conforme al diseño que Jehová había mostrado a Moisés. 

Moisés se alegró tanto por esto que bendijo a los hijos de Israel por toda la obra que habían hecho. Ellos trabajaron voluntaria y arduamente durante unos nueve meses para hacer todo lo que Jehová les había mandado. Así que Moisés bendijo su trabajo y la obra de sus manos. Con este acto, Moisés puso su sello formal y definitivo de aprobación sobre el resultado de todo el fervor y diligencia de ellos, y expresó en oración su deseo de que de Jehová bendijese todo aquello haciendo lo que prometió, viniendo a morar en medio de ellos en ese Tabernáculo. Y la próxima semana veremos que así fue. 

No hay mayor alegría para el pastor que ver cómo el pueblo da frutos para Dios. Ustedes son para mí una alegría muy grande porque puedo ver la obra y la bendición de Dios en ustedes. Por eso oro para que podamos obedecer cabalmente la Palabra de Dios y que podamos dar los frutos de ello, cambiando completamente nuestras vidas para ser grandes siervos de Dios y llevando el mensaje del evangelio a otros para que también puedan alcanzar la salvación. Y que por esto Jehová nos bendiga y habite en medio de nosotros convirtiendo a esta nación en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

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