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Lucas 9:37-45
9:37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro.9:38 Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo;
9:39 y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se aparta de él.
9:40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
9:41 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.
9:42 Y mientras se acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre.
9:43 Y todos se admiraban de la grandeza de Dios. Jesús anuncia otra vez su muerte Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
9:44 Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
9:45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.
LA LIBERACIÓN DEL CHICO ENDEMONIADO
Buen día amados hermanos. Antes de empezar quiero felicitar a las madres en su día. Acá en la Argentina, el día de las madres se celebra el tercer domingo de octubre. Mientras que en la mayoría de los países del mundo que lo celebran el segundo domingo de mayo. A muchas madres venezolanas esta situación les agrada, porque reciben doble felicitación y doble regalo. Sin embargo, desde chico aprendí que la fecha no es lo que importa, lo importante es que nos tomemos un tiempo para honrar a esas mujeres que nos han dado la vida y/o nos han criado. Por eso, vamos a darle un aplauso a las mamás que hoy nos escuchan.
Pero, aunque las homenajeadas de hoy son las madres, en el pasaje de esta mañana uno de los protagonistas es un padre. Este era un hombre cuyo hijo estaba endemoniado desde chico y que acudió a Jesús desesperadamente para que lo liberara. Efectivamente el Señor hizo el milagro, pero además de aprender del poder de Jesús también vamos a aprender del fracaso de los discípulos que intentaron sanar al chico antes que Cristo y no pudieron. También aprenderemos de la fe del Padre. Oro que esta palabra nos ayude a ser mejores discípulos de Cristo y sobre todo que nuestra fe sea ayudada por Dios como lo hizo con el padre del muchacho.
EL FRACASO DE LOS DISCÍPULOS
Leamos el v.37 “Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro.” La semana pasada aprendimos de la Transfiguración de Jesús. Vimos que el Señor se llevó unos días a tres de sus discípulos (Pedro, Jacobo y Juan) a una montaña alta y allí cambió de forma y les mostró su gloria para enseñarles que él era Dios todopoderoso y que su plan era padecer, morir y resucitar para rescatarnos de nuestros pecados. Yo les comentaba que el sitio al que ellos fueron probablemente era el Monte Hermón. No sabemos con seguridad cuál montaña era. Pero sí sabemos que al día siguiente, después de este evento sobrenatural e histórico, ellos regresaron y cuando iban camino a donde estaban los otros nueve discípulos sucedieron los eventos de este pasaje. Y en principio, pasó que una multitud de gente interceptó a Jesús. Y hasta ahora esto no tiene nada de extraño o especial, pues en todo el evangelio de Lucas hemos visto que las multitudes acudían a Jesús.
Pero veamos qué fue lo particular en esta ocasión. Leamos los vv.38-39 “Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se aparta de él.” Entre toda la gente había un hombre cuyo hijo estaba gravemente endemoniado. Razón por la cual botaba espuma por la boca, daba gritos extraños y se agredía violentamente. No era una epilepsia como algunas personas interpretan erróneamente. Podemos estar seguros de esto porque Lucas, el escritor de este evangelio, era médico, y él podría discernir bien la diferencia entre una epilepsia y una posesión demoníaca. Y aunque en los últimos meses hemos visto el caso de varios endemoniados (ver Lucas 4:31-37, 4:40-41, 8:2, 8:26-39) en este caso el agravante es que este muchacho era hijo único, que la posesión la tenía desde muy niño (según Marcos 9:21) y que casi nunca el demonio lo dejaba en paz.
¿Se pueden imaginar el sufrimiento del muchacho y el papá? ¡Era una situación muy triste! En toda su vida, este padre no había podido jugar con su hijo, ni enseñarle un oficio y seguramente lo tenía que tener amarrado como a un animal. Y además, por el problema del chico la generaciones de esta familia iban a morir allí, porque de seguir el problema, el muchacho no iba a poder casarse y tener hijos, lo cual era un problema gravísimo para un judío.
Pero veamos un problema más que aparece en el v.40 “Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.” Resulta que mientras Jesús y sus tres discípulos estaban en el monte de la transfiguración, el padre había acudido a los nueve discípulos restantes para que le ayudaran a resolver este problema. No solo porque Jesús ya había hecho liberaciones de endemoniados, sino porque como vimos hace unas semanas (Lucas 9:1), el Señor les había dado autoridad a los discípulos sobre los demonios y estos habían tenido éxito en su jornada de predicación. Sin embargo, en esta ocasión ellos fallaron. Y la pregunta clave es ¿por qué? ¿qué cambió? Veamos dos razones que nos muestra el evangelio de Mateo:
Primero, por su incredulidad. Leamos Mateo 17:19,20 (BLPH) “Más tarde se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese demonio? Jesús les contestó: Porque ustedes no tuvieron fe. Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo fuera como un grano de mostaza, le dirían a este monte: “¡Quítate de ahí y ponte allí!”, y el monte cambiaría de lugar. Nada les resultaría imposible.” Los discípulos actuaron con incredulidad ¿y cómo es posible esto? Quizá tuvieron dudas porque Jesús no estaba presente o porque no tenían a los líderes con ellos (Pedro, Jacobo y Juan). Nosotros los cristianos nos llamamos “hombres (o mujeres) de fe” pero muchas veces, como en el caso de los discípulos, actuamos sin confiar en Dios y por eso fracasamos.
Tener fe no es simplemente tener mente positiva. Algunas personas lo confunden. La fe verdadera es aquella que, aunque es pequeña como un grano de mostaza, está completamente basada en Dios. Podríamos tener una mente positiva y estar confiando en las circunstancias (como la cuenta bancaria, la experiencia del médico, o la eficacia de una medicina) y de eso no se trata la fe. Alguien con una verdadera fe confía en que Dios puede resolver el problema en condiciones adversas o favorables.
Y me he dado cuenta que actualmente hay un problema de fe, no solo en el mundo, sino entre los mismos cristianos, porque ante las situaciones adversas que viven nuestros países algunos no confiamos que el Señor pueda resolver la situación porque hay algo que nuestros ojos no pueden ver. Y voy a poner el caso de Venezuela. La verdad es que la situación de este país, mi país natal, es bastante adversa, sinceramente no se vislumbra una esperanza humana para la solución de este complejo conflicto. Además, como nuestro caso se parece al de otras naciones que han vivido largos años en sufrimiento, pareciera que los venezolanos estamos condenados a vivir en crisis muchísimos años. Por eso muchos cristianos venezolanos han perdido su fe y manifiestan no creer que algo pueda pasar para salir de este problema.
Esto también está pasando acá en Argentina, en la última semana ►el dólar llegó a 178 pesos, casi el triple de como inicio el 2020. Y también muchos cristianos están perdiendo su fe, creyendo que nada se puede hacer para salir de esta crisis. Y algunos en lugar de tener fe en Dios, tienen su esperanza puesta en un político.
Pero eso no debe ser así. Nosotros los cristianos debemos confiar en Dios, y nuestra fe no debe depender de lo que hagan o digan los líderes políticos. Si nosotros tenemos fe, cosas imposibles pueden suceder “porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37)
Y tenemos ejemplos históricos del poder de la fe. Por ejemplo, ► la caída del muro de Berlín. Este muro dividía la capital de Alemania en dos y fue construido para para que los alemanes del este (socialista) no se escaparan hacia el oeste. Este muro era el símbolo macabro de la guerra fría. Y era más que una pared, tenía una “franja de muerte” con perros de ataque, minas, alambres de púa y varios obstáculos diseñados para prevenir el escape. El asunto es que si algo era difícil de derribar era este muro, pero en el año 1989 (exactamente el 9 de noviembre) el mismo fue ►derrumbado sin que hubiese ningún muerto ¿cómo fue posible? Gracias a la fe de muchos creyentes que a pesar de las amenazas, se reunieron a ► orar masivamente por la paz, un mes antes, en la iglesia de San Nicolás en Leipzig (Alemania del este). Les recomiendo leer esta historia. Es asombrosa. Es un gran ejemplo de si tenemos fe en Dios, sin importar las circunstancias, podemos mover montañas. Si no queremos fracasar como los discípulos tengamos fe.
Segundo, por no orar y ayunar. Leamos Mateo 17:19,21 “Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? (…) Pero este género no sale sino con oración y ayuno.” No bastando con su falta de fe, los nueve discípulos no oraron ni ayunaron ante de actuar, esta es la segunda razón por la que fracasaron. La oración es fundamental en nuestro actuar diario, y si bien por motivos prácticos a veces es difícil orar por cada cosa que hacemos, es necesario que lo hagamos para la mayor cantidad de aspectos, al menos los más importantes. También es necesario que los cristianos tengamos tiempo de ayuno, muchos creen que esta práctica es una penitencia, pero el motivo verdadero de ayunar es para fortalecernos espiritualmente. Porque al mismo tiempo que dejamos de comer nos dedicamos a orar, leer la palabra y alabar con cantos. Pero como par ayunar necesitamos tener tiempo disponible, para poder hacerlo requerimos hacer un gran esfuerzo y ser muy creativos. Y aunque en la práctica no lo hagamos muchas veces al año, debemos hacerlo al menos en los momentos de lucha espiritual o toma de decisiones.
Actuar sin orar ni ayunar no es lo correcto, porque representa que estamos confiando más en nuestras fuerzas y experiencia que en Dios. Y eso fue lo que le pasó a los discípulos. Como ellos habían tenido éxito antes sacando demonios se relajaron y no buscaron la voluntad de Dios.
Y una vez debo decir que este es un problema gravísimo que tenemos los cristianos en nuestro tiempo y que debemos corregir. Pues estamos inmersos en una cultura en que se le da mayor peso a la preparación y experiencia que a la confianza en Dios. Por ejemplo, cuando alguien va a contratar a un empleado busca al más preparado y que tenga más años de experiencia. Pero aunque Dios si usa la preparación y experiencia para sus propósitos, también puede usar a alguien completamente incapaz y sin experiencia, por lo cual nuestra confianza debe estar puesta en Dios y como hombres (y mujeres) de fe debemos buscar fortaleza en él a través de la oración y el ayuno. Si solo confiamos en nosotros en algún momento vamos a fracasar, porque habrá algo que no podamos resolver.
Este es un aspecto de aplicación muy actual. Porque hoy día la gente, en medio de la pandemia que estamos viviendo, está confiando más en la experiencia de los médicos y laboratorios que en Dios y eso no está bien. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay en estudio 166 potenciales vacunas y ya 24 de ellas ya están en etapa de evaluación clínica, siendo probadas en personas. Realmente esto es muy bueno, es una muestra del progreso de la tecnología humana. Pero la realidad es que si Dios no lo permite, ninguna de esas vacunas pasará la prueba. Y tendríamos que vivir con este virus para siempre. Por eso es que en la iglesia tenemos meses orando para que Dios resuelva esta situación, e incluso también hemos ayunado congregacionalmente para lo mismo. Sin embargo, es necesario que a la luz de esta palabra nosotros nos revisemos y detectemos dónde está realmente nuestra esperanza. ¿Es en Dios o en la vacuna? Si su confianza está puesta en Dios entonces debemos orar y ayunar. De otra manera el Señor nos podrá responder igual que como lo hizo en aquel momento: v.41a “Respondiendo Jesús, dijo: !!Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar?.” Cabe resaltar que este regaño no era solo para los discípulos, vamos a ver que también incluía al padre, al chico y obviamente a los escribas y fariseos que estaban allí burlándose del fracaso de los nueve discípulos. No esperemos que Dios nos regañe por nuestro problema de fe, al contrario, hagámoslo alegrar con nuestra confianza en él, oración y ayuno para resolver cualquier problema.
JESÚS SANÓ AL MUCHACHO
vv.41b,42a “Trae acá a tu hijo. Y mientras se acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con violencia;” después de lo que hemos visto hasta ahora Jesús pidió al padre que le trajera al hijo. Al parecer el chico no estaba en el sitio de la discusión. Y una vez que lo acercaban a Jesús el demonio se alborotó y comenzó a atentar contra la vida del muchacho, lanzándolo al piso y sacudiéndolo violentamente. Pero antes de ver que hizo Jesús con el joven quisiera que viéramos lo que hizo el Señor con el papá, para ello leamos Marcos 9:21-24 “Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”
No lo he mencionado hoy, pero para que este joven estuviese endemoniado debió ocurrir que él y alguien cercano le abriera la puerta al enemigo, y por la edad en que el chico fue endemoniado, probablemente era un problema de padre. Por eso Jesús antes de hacer algo por el joven trató el problema de fondo que era la fe del papá. Y ya hemos visto que esta es una manera habitual de actuar de Jesús. Por ejemplo, cuando le presentaron a un hombre paralítico, él primero resolvió su problema de pecado; cuando iba a sanar a un hombre con una mano seca, primero lo ayudó a vencer la vergüenza y así pasó en varios casos. Y es que a veces nosotros creemos que nuestro problema es uno, y acudimos a Dios para que nos resuelva esa situación particular, pero realmente nuestro problema es otro. Muchas veces somos incapaces de ver nuestra situación real. Pero lo bueno de acudir a Jesús es que él sí sabe qué es lo que necesitamos nosotros y cuándo lo precisamos, por eso podemos estar tranquilos y debemos confiar en sus tiempos y voluntad, porque lo que él hace es lo mejor para nosotros, aunque no lo entendamos.
Aunque el padre no había revelado que tenía incredulidad, Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Hermano le pido que memorice esta palabra porque es una promesa de Dios. Yo no sé cuál sea tu problema hoy día, pero quiero que te respondas eso que Jesús ha dicho. Aunque sea un problema muy grave, un problema técnicamente irresoluble, ten fe en Dios y él puede moverse por tu fe y hacer el milagro si es su voluntad. Y si hoy día detectas que no tienes fe o que tu fe está débil, recuerda también las palabras del padre: Creo; ayuda mi incredulidad. Puedes pedirle a Dios que te ayude a tener fe conforme a su voluntad. Amén.
Leamos el v.42b,43 “pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre. Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.” Finalmente, el Señor hizo el milagro de liberar al joven que tenía una vida sufriendo. Una vez más lo hizo con su palabra. Como en tantos milagros lo hemos visto. Con esa palabra Jesús no solo liberó al muchacho del demonio, sino que también le devolvió una vida destruida por la obra de Satanás. Mi oración es que la palabra de Jesús también nos libre a nosotros, a los seres que amamos y a los que nos rodean.
Al ver el fracaso de los discípulos, que no tuvieron fe y confiaron más en su experiencia, la gente seguramente se burló de ellos y algunos dejaron de confiar en Dios. Pero Ante la obra de Jesús y el poder liberador de su alabra todos se admiraron de la grandeza de Dios. Y quiero cerrar el mensaje de hoy con la advertencia de que el problema de nuestra fe no solo nos afecta a nosotros, sino que como vemos puede estorbar a los demás y la obra del Señor. Por eso debemos luchar y aplicar todo lo que hemos aprendido hoy. Oro que esta palabra se haga viva en nuestras vidas y Dios sea exaltado cuando los demás vean nuestras victorias en Dios. ¡amén!
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M. Josué Bae (MX)
( 19 de febrero de 2021 )
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