Éxodo 35:1 - 36:7

35:1 Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas:
35:2 Seis días se trabajará, mas el día séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá.
35:3 No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de reposo.
35:4 Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado:
35:5 Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce,
35:6 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras,
35:7 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,
35:8 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático,
35:9 y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.
35:10 Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado:
35:11 el tabernáculo, su tienda, su cubierta, sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas y sus basas;
35:12 el arca y sus varas, el propiciatorio, el velo de la tienda;
35:13 la mesa y sus varas, y todos sus utensilios, y el pan de la proposición;
35:14 el candelero del alumbrado y sus utensilios, sus lámparas, y el aceite para el alumbrado;
35:15 el altar del incienso y sus varas, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina de la puerta para la entrada del tabernáculo;
35:16 el altar del holocausto, su enrejado de bronce y sus varas, y todos sus utensilios, y la fuente con su base;
35:17 las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina de la puerta del atrio;
35:18 las estacas del tabernáculo, y las estacas del atrio y sus cuerdas;
35:19 las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio.
35:20 Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés.
35:21 Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras.
35:22 Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová.
35:23 Todo hombre que tenía azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, o pieles de tejones, lo traía.
35:24 Todo el que ofrecía ofrenda de plata o de bronce traía a Jehová la ofrenda; y todo el que tenía madera de acacia la traía para toda la obra del servicio.
35:25 Además todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, púrpura, carmesí o lino fino.
35:26 Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó en sabiduría hilaron pelo de cabra.
35:27 Los príncipes trajeron piedras de ónice, y las piedras de los engastes para el efod y el pectoral,
35:28 y las especias aromáticas, y el aceite para el alumbrado, y para el aceite de la unción, y para el incienso aromático.
35:29 De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová.
35:30 Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;
35:31 y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte,
35:32 para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce,
35:33 y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.
35:34 Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan;
35:35 y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.
36:1 Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.
36:2 Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella.
36:3 Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana.
36:4 Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía,
36:5 y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.
36:6 Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más;
36:7 pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.

EL PUEBLO TRAE OFRENDA VOLUNTARIA A JEHOVÁ


Buenos días. Hoy aprenderemos cómo todo el pueblo de Israel con corazón voluntario trajo sus ofrendas generosamente delante de Jehová para la construcción del Tabernáculo, el lugar de adoración a Dios, conforme a lo que el Señor mandó por medio de Moisés. Sus ofrendas fueron tan generosas que tuvieron lo necesario para construir el Tabernáculo y sobraba. Tanto, que tuvieron que impedir que el pueblo siguiese trayendo ofrenda. Yo oro para que nosotros también tengamos un corazón voluntarioso y generoso como el del pueblo de Israel y que podamos construir juntos el lugar de adoración de Dios de UBF Panamá con nuestras ofrendas, y que así Dios pueda usarnos para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén. 

I.- El día de reposo para Jehová (1-3)

Miren los v.1-3. Moisés congrega al pueblo de Israel una vez más, después de que les había comunicado en la renovación del pacto todo lo que Jehová había dicho, como aprendimos la semana pasada. Y les recuerda una vez más el mandamiento del día de reposo. Esta es la quinta vez que se habla acerca de este mandamiento en la promulgación de la Ley y en las instrucciones para la construcción del Tabernáculo (Ex. 20:8-11; 23:12; 31:12-17; 34:21). Esto nos muestra la importancia del mandamiento del día de reposo y de que se guardase y se adorase a Dios ese día. Esta era una señal del pacto entre Jehová y el pueblo de Israel, y los santificaba entre todas las naciones de la Tierra, pues era el único pueblo que tenía una fiesta semanal para su Dios. 

Sin embargo, hemos aprendido que ha habido un propósito de recordarlo en las últimas dos menciones en Ex. 31:12-17; 34:21. En el cap. 31 se los recordó para advertirles que debían guardar el día de reposo aún mientras construían el Tabernáculo; no podían construir nada del Tabernáculo en día sábado. Y en el cap. 34 porque habían declarado día de fiesta para Jehová en un día cualquiera cuando hicieron el becerro de oro, así que Jehová les recuerda que su día santo de fiesta es el día de reposo. Entonces, ¿por qué recordarlo una vez más aquí, cuando Moisés se los acababa de referir en el cap. 34? Podría ser por la misma razón del cap. 31, para que recordaran que no debían construir nada del Tabernáculo en el día de reposo. Pero también para recordarles que Jehová es el Dios Soberano de sus vidas, que Él los creó y que todo de sus vidas le pertenece a Él, por lo tanto deben reconocer esa soberanía de Dios sobre ellos y guardar el día de reposo. Esto último es importante para el mandamiento que sigue.

II.- La ofrenda voluntaria del pueblo de Israel (35:4 – 36:7)

Miren los vv. 4-5a. Moisés le comunica a la congregación de los hijos de Israel que Jehová ha mandado que trajesen ofrendas voluntarias para la construcción del Tabernáculo. Todo generoso de corazón la traería a Jehová. ¿Por qué debían sacar ellos de sus bienes personales, de lo que tenían para vivir o sobrevivir, y traerlo como ofrenda voluntaria delante de Jehová? Porque Él es el Dios Soberano de sus vidas. Y ellos, sus vidas y todo lo que tienen, le pertenece a Dios, solamente que Él se los da para que lo administren por un breve tiempo, mientras están en este mundo. Así que Jehová solo les está pidiendo una parte de lo que Él, en su gracia, les ha dado; la parte que ellos de corazón voluntario y generoso quisiesen traer.

¿Qué bienes debían traer ellos? Miren los vv. 5b-9. Todos los materiales para la construcción del Tabernáculo y de todos sus muebles, y de las ropas sacerdotales, y de otros implementos para la adoración como el aceite de la unción y el incienso aromático, que ya aprendimos antes en detalle durante las doce lecturas referentes al Tabernáculo y que aparecen descritos aquí en los vv. 11-19. Ya hemos aprendido que muchos de esos materiales eran muy costosos y difíciles de conseguir como las telas de azul, púrpura y carmesí; las piedras preciosas y semipreciosas; y las especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático. Sin embargo, Jehová confía en el corazón generoso del pueblo de Israel para construir el lugar de adoración para Él.

La situación no es diferente hoy en día. Jehová confía en el corazón generoso de Su pueblo para levantar Sus iglesias en diferentes lugares del mundo. Las iglesias evangélicas, el lugar de adoración a Dios en nuestro tiempo, se sostienen solamente a través de las ofrendas voluntarias de sus miembros. El gobierno no financia ninguna iglesia, nadie contribuye para que la iglesia se construya o se mantenga, sino solamente sus miembros. Muchas iglesias están en casas, locales o terrenos alquilados, o en sitios comprados con préstamos hipotecarios, y deben pagar mensualmente, sin falta, la renta o la letra del préstamo. También deben pagar otros gastos como los servicios: agua, luz, teléfono, internet; el mantenimiento del lugar: aires acondicionados, instrumentos musicales, limpieza; Si es un templo grande, el salario de sus trabajadores como personal de limpieza, seguridad, jardinería, etc. ¿Y cómo cubren todo eso? Con las ofrendas voluntarias de sus miembros.

Por la gracia de Dios nosotros hemos servido su obra en Panamá hasta ahora en nuestro apartamento. Antes estuvimos viviendo en El Cangrejo en apartamentos alquilados y allí servíamos los estudios bíblicos a los hermanos y el culto cada domingo. Y hace tres años Dios nos concedió la gracia maravillosa de comprar este apartamento en San Francisco, y desde aquí hemos estado sirviendo de la misma manera. Así que la iglesia no ha tenido necesidad de pagar renta o servicios porque todo lo cubrimos nosotros. Lo único que hemos cubierto con las ofrendas es la comida que compartimos después del culto y las meriendas que compartíamos en los estudios bíblicos. Y muchas veces mi esposa y yo ofrendábamos eso también porque el dinero de la ofrenda no alcanzaba tampoco. Pero gracias al Señor la obra de Dios en Panamá ha podido crecer hasta ahora. 

Antes de que empezara la cuarentena, nos congregábamos acá en nuestro apartamento unas diez personas en promedio. Y hubo algunos domingos en que nos tocó acomodarnos un poco porque no cabíamos bien. Pero por la gracia de Dios, varios de ustedes han comenzado a congregarse con nosotros cada domingo por esta plataforma virtual y somos en promedio unas dieciséis personas cada semana. Y estando cerca el levantamiento de la cuarentena dominical y el momento en que se nos permita nuevamente ver sus rostros en persona, y debiendo cumplir con los protocolos de bioseguridad del MINSA, incluyendo el distanciamiento social; ya no podríamos regresar a congregarnos aquí en nuestro apartamento. 

Así que estamos orando y buscando un nuevo centro bíblico donde quepamos todos siguiendo estos protocolos. Estamos buscando un nuevo lugar para adorar juntos a Dios cada domingo. Y así como en este pasaje bíblico, ese lugar va a depender del corazón voluntario y las ofrendas generosas de todos nosotros para poder cubrir todos los gastos en los que hay que incurrir y que hasta ahora no teníamos: renta, servicios, etc. Y confío en que nuestro Dios nos va a ayudar como lo ha hecho hasta ahora.

Veamos cómo respondió el pueblo de Israel ante este mandamiento de Jehová. Miren los vv. 20-29. Todo el pueblo con júbilo trajo sus ofrendas voluntarias a Jehová de lo que tenía. En el v. 22 dice que todos presentaban ofrenda de oro a Jehová, pues todos ellos tenían las joyas de oro que los egipcios les habían dado, así que decidieron dar sus cadenas, zarcillos, brazaletes y todas sus joyas de oro para la obra de Dios. Los que tenían pieles o telas, las daban. Los que tenían plata o bronce, lo traían a Jehová. Otros traían la madera de acacia. Los más ricos trajeron lo más costoso, las piedras preciosas y semipreciosas, y las especias aromáticas. Todo el pueblo de Israel, tanto hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová. Leyendo esto puedo sentir el gozo del pueblo de poder participar en la obra de Dios con sus ofrendas.

Recuerdo cuando en UBF Caracas compramos el Centro Bíblico en el año 2004. Yo estaba recién llegando a UBF, así que no supe muchos detalles en ese momento. Pero mi esposa sí tenía años allí y ella sabe bien todo lo que tuvieron hacer para poder comprar la casa para el Centro Bíblico de UBF Caracas. Las ofrendas de la iglesia no alcanzaban para eso, entonces algunos miembros se comprometieron a dar ofrendas especiales para la compra de la casa. Mi esposa era una joven y hermosa estudiante universitaria en esa época, y ni siquiera tenía un trabajo formal. Pero ella hizo unas pasantías remuneradas en una compañía de seguros y todo lo que ganó allí lo dio como ofrenda para el Centro Bíblico, eso fue menos del 1% del valor de la casa, pero era todo lo que ella tenía y lo dio para la obra de Dios con alegría como el pueblo aquí. Gracias al corazón voluntario de los miembros de UBF Caracas se pudo comprar la casa y construir el Centro Bíblico. 

Sabiendo que Jehová es el Soberano de nuestras vidas, y que todo lo que tenemos Él nos lo ha dado, podemos participar con alegría en la obra de Dios con nuestras ofrendas. Muchos convierten su corazón a Dios, pero no sus bolsillos. Dicen que le dan a Dios toda su vida, pero de su dinero no, porque lo necesitan. Esto es un gran error y explica porque muchos viven en pobreza también. Cuando somos generosos para con Dios y su obra, Él nos bendice abundantemente para que podamos seguir siendo generosos. Pero si somos egoístas con Dios, gastando solo en nosotros mismos lo que Él nos da, nos proveerá de lo necesario, pero no mucho más. 

El apóstol Pablo les recuerda esto también a los hermanos en Corinto: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” (2Co. 9:7). Así como el pueblo de Israel dispuso su corazón voluntariamente para dar para la obra de Dios y dio con generosidad, nosotros también debemos disponer nuestros corazones para dar para la obra de Dios con alegría. No con tristeza, no con dolor, ese no es el corazón correcto. Tampoco por necesidad: “Ah… como el pastor me dijo que si doy para Dios, Él me va a bendecir con más. Voy a dar todo este dinero para Dios y esperar que Él me lo multiplique.” Dios no es banco ni bolsa de valores. Dar para Dios no es una inversión para que se nos multiplique. Dar para Dios es una muestra de nuestro agradecimiento por lo que Él ha hecho por nosotros y todo lo que nos ha dado, y un deseo para que Él pueda usar ese dinero para que otros crean también. Por eso debemos hacerlo con alegría.

Pero el pueblo de Israel no ofrendó solamente cosas materiales. Ellos ofrendaron más que eso. Miren los vv. 10, 25. Ellos debían ofrecer para Dios también su tiempo, su talento y su trabajo. El pueblo de Israel debía tomar todos esos materiales ofrendados y trabajar para convertirlos en el Tabernáculo, sus muebles y todos los implementos necesarios para la adoración a Jehová allí. De hecho, en el v.25 vemos que las mujeres tomaron los hilos de azul, púrpura, carmesí y lino fino y los hilaron, es decir, los convirtieron en telas, antes de ofrendar. El pueblo ofreció no solamente sus bienes, sino también sus talentos, su tiempo y su trabajo para Dios. Y esto lo podemos ver especialmente con los líderes que Jehová llamó.  

Miren los vv. 35:30 – 36:1. A Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; llamó Jehová para dirigir la obra. A ellos Dios les había dado un talento único para trabajar todos estos materiales necesarios para construir el Tabernáculo. Así que ellos fueron escogidos para dirigir toda la obra. Ellos ofrecerían sus conocimientos enseñando a otros (v. 34) y colaborando junto con otros artesanos voluntarios en la confección de todo (36:1). Así que aparte de su ofrenda material, ellos también ofrecieron de su tiempo y de sus talentos para el Señor. 

También en los vv. 36:2-3, vemos que ellos se encargaron de juntar la ofrenda y distribuirla para que se pudiesen confeccionarse todo. Bezaleel y Aholiab distribuyeron las tareas y los materiales entre los voluntarios del pueblo para hacer la obra. Mientras, seguían recibiendo las ofrendas del pueblo. Todo esto era un gran trabajo y ellos lo hicieron voluntariamente, es decir, no se les pagó nada por aquello. Y pasaron así unos nueve meses que duró la construcción del Tabernáculo. Ellos desatendieron sus vidas personales durante ese tiempo, y se dedicaron a trabajar arduamente para la obra de Dios sin recibir ningún tipo de salario. 

De la misma manera, yo doy mis ofrendas materiales para la obra de Dios en Panamá, entregando mis diezmos cada quincena y mis ofrendas. Y además de eso, aparto el tiempo para preparar los cuestionarios y los mensajes, y para darles estudio bíblico y predicar cada semana el mensaje dominical. Y todo esto lo hago voluntariamente, sin recibir ningún tipo de pago o beneficio por ello. ¿Por qué? Porque lo hago como agradecimiento a Dios que me ha dado el talento y el llamado como se los dio a Bezaleel y Aholiab. Todo esto es una gran bendición para mí y lo hago con alegría como agradecimiento a Dios que me ha salvado y me ha rescatado de mi vida pecaminosa. Es mi humilde ofrenda a Dios que merece mucho más de lo que le doy.

El pueblo de Israel también pensaba lo mismo, Dios merece mucho más de lo que le estamos dando. Así que seguían trayendo ofrenda cada mañana como podemos leer en el v. 36:3. Aunque ya habían dado ofrenda, ellos seguían buscando y seguían trayendo más y más para Dios, porque sabían que Dios merece mucho más. Y su ofrenda era tan generosa que en el vv. 36:4-5 vemos que los maestros de la obra tuvieron que ir a hablar con Moisés porque “el pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.” 

Así Moisés tuvo que pregonar por el campamento para impedir que el pueblo siguiera trayendo ofrenda. Miren los vv. 36:6-7. Al pueblo de Israel tuvo que impedírsele que siguiese trayendo ofrenda para Jehová, “pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.” Muchos pastores durante este tiempo de pandemia han tenido que insistir mucho a la congregación para que continúen realizando sus ofrendas, de forma tal que se puedan cubrir las necesidades básicas de la iglesia. Ya que las reuniones son virtuales y no hay un tiempo en el que pase la canasta de la ofrenda entre la congregación. También por la incertidumbre y las dificultades económicas que muchos presentaron durante este tiempo, las ofrendas en las iglesias se vieron muy mermadas. Esto muestra donde está el corazón de las personas, en la cosas de este mundo nada más, y se olvidaron que la obra de Dios depende de ellos también. 

Sin embargo, hay un contraejemplo de esto, en la iglesia River Church del P. Dante Gebel. River Church es una megaiglesia hispana en los Estados Unidos de unos 10,000 miembros. Aún durante la pandemia ellos han continuado recibiendo los aportes de sus miembros y otras personas y entidades. Ellos tienen material abundante para mantener su iglesia y hasta les sobra, por lo que han dispuesto para misiones de ayuda humanitaria. Durante la pandemia han enviado $685,300 de ayuda a muchos países, especialmente en Latinoamérica, incluso aquí en Panamá. Mi oración es que nosotros también podamos crecer y tener el material abundante no solo para establecer un buen Centro Bíblico en Panamá, sino también para disponer de programas de ayuda para los más necesitados.

De lo que tenemos, hemos intentado apoyar también a nuestros miembros que se han visto afectados por la pandemia. Y aunque ha sido poco, espero que hayan podido recibir nuestro amor en esas pequeñas ofrendas. Y que Dios nos siga bendiciendo para bendecir. Pues nuestro deseo y nuestra oración es que la obra de Dios en Panamá siga creciendo para la honra y gloria de nuestro Dios y para la expansión de Su Reino. Si alguno de ustedes quiere dar sus ofrendas y diezmos durante este tiempo de cuarentena, les muestro acá el número de cuenta de la iglesia. 

En conclusión, el pueblo de Israel trajo sus ofrendas voluntarias a Jehová para la construcción del Tabernáculo. Ellos lo hicieron con alegría y agradecimiento a Dios reconociendo su soberanía sobre ellos. Ellos ofrendaron generosamente de manera que sobraba, y Moisés tuvo que impedirles que continuasen ofrendando. Mi oración es que nosotros tengamos este mismo corazón voluntario y generoso de los hijos de Israel para la obra de Dios. Que demos fielmente nuestros diezmos y ofrendas y que con esto podamos establecer nuestro Centro Bíblico en Panamá, para que pronto, con la ayuda de Dios, podamos vernos nuevamente las caras en persona y adorar juntos en el lugar que estemos edificando para Él. Y que de esa manera podamos seguir creciendo e influenciando a Panamá para convertirse en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén. 

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