Lucas 5:30-39

5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
5:31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
5:32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?
5:34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
5:35 Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.
5:36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.
5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.
5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan.
5:39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

CORAZÓN DE ODRE NUEVO


Como cada semana los saludo y les abrazo con el amor de Dios. También quiero saludar a los hermanos de UBF Caracas que nos escuchan. Hoy vamos a estudiar la parte final de Lucas 5, donde hablaremos más detalladamente de unos personajes que tuvieron fuerte protagonismo en la obra de Jesús, pero no precisamente un buen rol, sino porque persiguieron a Jesús y fueron los que finalmente lo condenaron y lo llevaron a la muerte. Les hablo de los lideres religiosos de aquella época: los fariseos, escribas y doctores de la ley. Más que nada hablaremos hoy de los fariseos.

En el mensaje de hoy vamos a resumir varias confrontaciones entre Jesús y este grupo y al final veremos una a partir de la cual surge la enseñanza que le da el nombre al mensaje de hoy: tener corazón de odre nuevo, que es una de las enseñanzas más fundamentales que debemos obedecer los cristianos. Más adelante veremos qué significa esto, pero les adelanto que mi oración es que los que escuchamos hoy podamos tener corazones como odres nuevos: que no nos resistamos frente a la palabra y la obra dinámica de Dios, sino que nos dejemos moldear y dejemos que él actúe libremente en nuestra vida, para que al final el resultado sea tan bueno y agradable como el buen vino. Amén.

LOS PROBLEMAS DE LOS FARISEOS

Y para empezar con este tema quiero comentar brevemente quiénes eran los fariseos y por qué estaban en este momento allí con Jesús. Y como ya se los adelanté, los fariseos era un grupo religioso. La palabra “fariseo” en sí significa “separados” y tenían este nombre debido a que vivían diferente que la mayoría de las personas. Estos hombres ellos eran entregados al estudio profundo de la palabra y ayudaban al pueblo al cumplimiento riguroso de la ley. Realmente, el propósito original de ellos era muy bueno, y en cierto sentido se corresponde con lo que muchas veces hemos aprendido acá en la iglesia, porque constantemente hablamos de que debemos vivir conforme a la palabra de Dios y luchar por estudiarla y cumplirla. También decimos que debemos vivir diferente a como vive la gente del mundo, y que debemos tener la identidad de que hemos sido apartados, porque aunque vivimos en esta tierra, nuestra patria verdadera es el cielo. Hasta acá no parece que los fariseos tuvieran algún problema, pero entonces ¿cuál es el problema con ellos? Resulta que los fariseos en algún punto se desviaron y su corazón se pervirtió.

Por ejemplo, ellos comenzaron a darle mucha importancia a las tradiciones de los ancianos, más que a la palabra de Dios, y empezaron a exigir muy estrictamente el cumplimiento de ciertos aspectos de la ley conforme a la interpretación de ellos y perdieron de vista por completo asuntos importantes, como la justicia, la misericordia, la fidelidad y el amor a Dios. En otras palabras, los fariseos se hicieron orgullosos cumplidores de las leyes y los ritos, pero por costumbre y por mantener su estatus social, a ellos les gustaba mucho recibir reconocimiento del pueblo y por eso llamaban mucho la atención (por ejemplo, orando en lugares públicos a grandes voces), no lo hacían para Dios, sino que eran hipócritas.

Ahora bien, estos fariseos, cuando escucharon de Jesús, y de la obra que estaba haciendo se alarmaron mucho y según un verso que vimos hace algunas semanas (Lucas 5:17) ellos salieron desde sus ciudades (las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén) para inspeccionar lo que estaba haciendo Jesús. Por eso ellos estaban allí con el Señor. No sabemos exactamente desde cuando llegaron, pero -gracias al evangelio de Lucas- sabemos que estuvieron en la famosa sanación del paralítico que vimos la semana pasada y luego en el banquete que hizo Leví cuando Jesús lo llamó. Podríamos decir que en estos lugares fueron los primeros choques entre ellos y Jesús ¿pero por qué si Jesús es el Mesías ellos estaban en su contra? Veamos a ver tres razones. Siempre me gusta recordar que la idea -al hablar de los fariseos- no es criticarlos y verlos con ojos de juicio, eso lo hará el Señor, sino que viendo sus errores aprendamos y no repliquemos su conducta:

Primero, ellos no creían en la Deidad de Jesucristo. Leamos Lucas 5:20,21 “Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Seguramente algunos de ustedes recuerdan estos versos, fueron hechos ocurridos durante la sanación del paralítico. En ese tiempo Jesús estaba en una casa donde había mucha gente y cuatro hombres, rompieron el techo y bajaron en una camilla al hombre que estaba enfermo para que el Señor lo sanara. Pero como vemos en estos versos, lo primero que hizo Jesús no fue sanar su parálisis, sino perdonar sus pecados y esto generó un rechazo por parte de los fariseos que estaban allí. Aunque no dijeron ninguna palabra audiblemente empezaron a criticar a Cristo y a verlo como un blasfemo porque según ellos, él no tenía autoridad, sino solo Dios, para perdonar los pecados de alguien.

Y como les digo este fue el primer problema de este grupo, no aceptar que Jesús es Dios. Podríamos excusarlos pensando que ellos no tenían suficientes pruebas de que realmente Jesús era el Cristo, pero la verdad es que sí las tenían, porque Dios Padre durante el bautismo de Cristo lo presentó pública y audiblemente como su Hijo amado. Además, ya Jesús venía haciendo milagros y había anunciado, a través de la palabra, que él era el cumplimiento de la profecía (Lucas 4:16-22). De manera que vemos que el problema real era el corazón de los fariseos, lo cual debe llamarnos a reflexión. Muchas veces nosotros no creemos que Jesús es Dios, de hecho hay grupos religiosos en el mundo que aunque reconocen su obra, solo lo ven como un profeta más o estrictamente como un hijo engendrado y humano, restándole su deidad. Si esto fuera así no tendríamos por qué seguir a Jesús, y él no podría ayudarnos a superar nuestro mayor problema que es el pecado. Peor aún, si Jesús no fuera Dios todo su sacrificio habría sido en vano. Pero nosotros debemos confiar en la deidad de Cristo de otra manera seríamos como estos fariseos. No les digo que debemos entender cabalmente por qué Jesús es Dios, porque a veces, por nuestra mente limitada, esto es un aspecto muy difícil de dilucidar, pero tengamos fe basada en lo que Jesús hizo y que está en su palabra, finalmente él personalmente nos ayudará a entender que efectivamente él es Dios. Como lo hizo con estos fariseos en esta ocasión: vv.24,25 “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios”

Segundo, ellos tenían prejuicios acerca del Mesías. Ahora leamos el v.30 “Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?” ahora nos pasamos al siguiente evento luego de la sanación del paralítico: el llamamiento de Leví. Esto lo vimos la semana pasada y aprendimos que con una sola palabra (“Sígueme”) el Señor levantó a este discípulo. Y también vimos que después de seguir a Jesús él organizó una fiesta e invito a muchos cobradores de impuestos y otros pecadores. Y esto no les gustó a los fariseos, quienes murmuraron estas palabras: ¿Por qué ellos (Jesús y sus discípulos) comen y beben con los publicanos y demás pecadores? Esta expresión de ellos, una vez más, nos muestra un error en el corazón de estos hombres, y es que tenían un prejuicio acerca de Jesús.

Cuando digo “prejuicio” me refiero a una idea opinión preconcebida. Y a lo que me refiero es que aunque ellos sabían y creían que vendría un Mesías a rescatar a Israel, ellos se lo imaginaron de otra forma distinta a la que vino Jesús. Entonces, como vemos acá, los fariseos pensaban que el Mesías no debía juntarse con los traidores y ladrones, tampoco con prostitutas, ni con nadie que públicamente fuese pecador. Ellos entendían que el Mesías sería como un rey de esa época, que no se juntaba con la plebe, sino que solo se relacionaban con las personas de la alta alcurnia (altas clases sociales). Concretamente el prejuicio que ellos tenían era que el Mesías sería un rey político, con dinero -como los demás reyes- y mucho poder humano. Por esta razón ellos no aceptaban la obra de Cristo.

Y lo que pasa es que los prejuicios acerca de Dios son una gran muralla que nos impide relacionarnos con él. Y de esto no estamos exentos nosotros. Realmente muchos de nosotros hemos tenido y tenemos ideas preconcebidas de Dios. Algunas veces por nuestro propio criterio y en otras ocasiones porque oímos ciertos “rumores”. Por ejemplo, algunas personas piensan que Dios, por ser Dios debe evitar las guerras y cualquier sufrimiento y en contraparte otros creen que Dios debería darnos solo victorias y alegrías (dinero, fama, etc.). Aunque podría haber muchos más prejuicios yo creo que estos son dos muy comunes. Y los traigo a la palestra porque por ideas como estas, mucha gente rechaza al Señor como los fariseos y no tienen una relación con él, y es lo que debemos evitar. No es el objeto de la palabra de hoy, pero quiero aclarar que los sufrimientos y fracasos no son culpa de Dios, todo es la consecuencia de nuestro pecado y desobediencia, las guerras son productos del pecado de la humanidad (egoísmo, avaricia, etc.) , el fracaso es el fruto de nuestro pecado, y aún cuando muchos seres inocentes -como los niños, mujeres- sufren, es por consecuencias del pecado del hombre, quien teniendo la libertad de escoger -que Dios nos dio- hemos escogido la maldad.

Pero si algo es importante de resaltar hoy, es que para evitar los prejuicios y que estos nos impidan aceptar a Jesús, debemos conocer realmente quién es él, y la forma de hacer esto es a través de estudiar La Palabra y de relacionarnos con él. Esta es la manera de forjar en nuestras mentes el verdadero concepto de Dios. No crea en chismes hermano, no se deje llevar por su propio criterio, vaya a la fuente y entienda bien el carácter del Señor. Por este motivo es que toda nuestra vida de fe la dedicamos al estudio de la palabra, una y otra vez, y en esta ocasión estamos estudiando el evangelio de Lucas. En que hasta ahora hemos aprendido que Jesús no es político, sino que es un Mesías espiritual que vino a salvarnos principalmente de nuestro pecado como se lo enseñó a los fariseos en los vv.31,32 “Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.”

Tercero, ellos tenían un corazón como odre viejo. Ahora Leamos el v.33 “Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?” fíjense que este verso inicia con un “entonces”, quiere decir que es una consecuencia de lo que pasó antes y acabamos de ver. Parece que aunque Jesús le explicó a los fariseos por qué él comía con publicanos y pecadores, ellos no se quedaron tranquilos, sino que ahora empezaron a acatar a los discípulos. Especialmente porque no ayunaban. Resulta que los fariseos hacían ayunos contantemente, algunos dicen que dos veces a la semana, y asimismo los discípulos de Juan el Bautista. Pero los discípulos que acababa de levantar Jesús no lo hacían, sino que comían y bebían todos los días normalmente y eso les molesta. Por eso acusantemente preguntaron por qué.

Vamos a leer la respuesta de Jesús en los vv. 34,35 “Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.” Realmente la respuesta del Señor fue en dos partes, esta es solo la primera, pero como vemos él no rechazó el ayuno, porque en sí esta práctica es tan importante como orar, leer la palabra, predicar, etc. Todos los discípulos deberíamos ayunar. Es bueno porque es un tiempo en que hacemos menguar nuestra carne (a través de dejar de comer) y fortalecemos nuestro espíritu (a través de orar y leer la biblia en ese tiempo). Pero lo que aclaró Jesús es que así como en una celebración de una boda no tenía sentido que alguien se cohibiera de comer (es decir, ayunar), porque era un momento más bien de celebrar junto con el esposo, así tampoco era lógico que sus discípulos ayunaran mientras el esposo estaba con ellos. Y aclaró que en algún momento ese esposo (que es Jesús) iba a ser quitado y en ese tiempo ellos si deberían ayunar normalmente. Fíjense entonces que

Pero ahora veamos la otra parte de la respuesta. Leamos los vv.36-38 “Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan” Como vemos se trata de una parábola, antes de la lectura de hoy el Señor no había usado este método para enseñar, pero vamos a ver que será una manera común de enseñar. A través de una historia que tiene una enseñanza aplicable para la situación particular. Pero entonces ¿qué quiso decir Jesús con estas parábolas? ¿qué tienen que ver con la pregunta acerca del ayuno?

Empecemos por la parábola del remiendo. Lo que dijo Jesús es que no tiene que alguien que tenga una prenda de ropa vieja corte otra prenda nueva para arreglarla, porque la mas valiosa (que es la nueva) se dañaría. Pero además -y aquí está el meollo del asunto- porque como las telas viejas son flexibles, si se coloca un parcho de tela nueva (que es rígido), éste no dejaría que la tela vieja se estire, y esto ocasionaría que se rompa la tela alrededor del parcho. Lo que Jesús quería dar a entender acá es que los discípulos por ser nuevos eran como esa tela flexible, estaban acostumbrados a vivir de una manera ligera (desde el punto de vista espiritual), ellos no estaban acostumbrados a orar, ni diezmar y tampoco a ayunar, por lo cual si él se ponía rígido con ellos, como lo querían los fariseos, los discípulos iban a sufrir y finalmente se iban a perder►, porque no estaban lo suficientemente crecidos para llevar esta disciplina espiritual. No la entendían aún.

Pero ahora fíjense la segunda parte de la parábola. Jesús habló de los odres y el vino. Un odre es ► una bolsa de cuero en que se guardaba al vino para que se añejara. Pero como el vino en ese proceso de fermentación produce gases era importante que si se iba a hacer vino se usara un cuero nuevo (flexible), porque si se usaba un odre viejo la presión de los gases lo rasgaban y el vino se perdía. Y esta enseñanza ya no era acerca de los discípulos, sino que habla del corazón de los fariseos y todos nosotros. El odre es el corazón y el vino nuevo es la obra de Jesús. Eso incluye sus palabras, sus mandamientos, etc. Lo que Jesús estaba enseñando es que el problema en sí de los fariseos es que ellos estaban teniendo un corazón como odre viejo, muy rígido y que no dejaba que Jesús obrara libremente. Por eso a ellos les molestaba la obra de Cristo, porque él estaba haciendo cosas nuevas, no como ellos se lo esperaban.

Si en una palabra podemos clasificar la obra de Jesús es: dinámica e innovadora. Y eso fue en aquel momento, pero también así sigue siendo ahora. Y eso puede en cierta manera incomodar y hacer presión en nuestros corazones, pero nosotros no debemos oponernos, sino dejar que Dios. Muchas veces nosotros tenemos un corazón de odre viejo a causa de la rutina, la costumbre, la cultura, los esquemas etc. Aunque hayamos hecho las cosas de una manera durante años y aunque eso quizá haya resultado, no quiere decir que no se deba innovar, y no quiere decir tampoco que esa sea la manera de Cristo. Por lo tanto no debemos oponernos cuando Dios quiere hacer cambios, sino que debemos ser humildes y sujetarnos a su forma aunque no nos parezca. Por ejemplo, a los jóvenes cuando llegamos a Cristo nos cuesta aceptar que el noviazgo como lo hemos conocido en el mundo no está conforme a la voluntad de Dios, sino que el noviazgo en Cristo es -y debe ser- un compromiso para matrimonio. También los que tienen más tiempo en una misma iglesia, que siempre han hecho las cosas de la misma manera, les cuesta aceptar que las cosas se pueden hacer de una forma diferente. Con mucho respeto voy a decir esto, pero hay muchos cristianos que critican porque hoy día usamos instrumentos para cantarle a Dios, y otros critican a nuestra generación porque usamos nuevos estilos musicales para Dios (rock, chacarera, salsa, joropo, etc.). Y esto son solo dos ejemplos, pero podríamos durar días citando casos reales y actuales que manifiestan un corazón de odre viejo. Pero lo más importante no es que busquemos el error en los demás, sino que hoy revisemos nuestro corazón y encontremos en qué sentido estamos siendo odres duros y viejos.

Aunque yo aun soy joven, meditando en esta palabra, me doy cuenta que también soy propenso a tener este problema. De hecho me pasó cuando llegué a UBF y vi que después del culto jugábamos ping pong en el mismo lugar que era la iglesia, porque yo no entendía que la iglesia realmente es la reunión de los cristianos y no solo un edificio. También me pasó cuando vi la vestimenta de varios hermanos en los servicios, en cierto sentido, como mi mamá me enseñó a ser clásico, me chocaba que otros usaran peinados tipo pincho, o remeras apretaditas, etc. Obviamente estos dos ejemplos son en cosas muy accesorias, pero el llamado hoy, a través de la palabra es a tener un corazón humilde y flexible principalmente a la obra de Dios en nuestro corazón. Quizá alguien está acostumbrado a que solo el pastor es quien enseña la biblia y por eso no enseña, pero debe ser flexible a que Dios lo use como maestro de las ovejas. Quizá alguien tiene la costumbre de dormir todo el domingo, pero ahora Dios lo está llamando a guardar ese día para él, esta persona debe ser flexible. Quizá alguien está acostumbrado a hablar de cierta manera (con malas palabras y doble sentido) pero debe ser flexible a que Dios nos invita a todos los cristianos a usar palabras edificantes y sazonadas. Y así entre otras cosas.

Entonces hermanos, hoy hemos aprendido de los fariseos, vimos que no aceptaban a Jesús como Dios y que tenían prejuicios acerca de él, pero más que nada vimos que tenían un corazón como odre duro y viejo. De manera que Dios nos invita a que tengamos un corazón de odre nuevo, y aunque pueda ser difícil, no olvidemos que vale la pena, porque al final, el producto del añejado e un buen vino, que alegra a muchos, y que es instrumento de celebración. De igual manera oro que luego de que la palabra obre en nosotros, nuestra vida sea de utilidad y alegría a muchos. Amén

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