Lucas 5:12-26

5:12 Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
5:13 Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
5:14 Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos.
5:15 Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades.
5:16 Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.
5:17 Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.
5:18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él.
5:19 Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús.
5:20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.
5:21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
5:22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones?
5:23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
5:24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
5:25 Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.
5:26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.

JESÚS SANA UN LEPROSO Y UN PARALÍTICO


Buen día amados hermanos, bienvenidos al servicio dominical. Hoy vamos a tener un mensaje de sanaciones y como lo dice el título se trata de la sanación respectiva de un leproso y un hombre paralítico. Sé que las últimas semanas hemos visto muchos milagros de Jesús y que la mayoría de ellos han sido la curación de enfermos, pero lo interesante de los milagros del pasaje de hoy, es que guardan mucha relación con nuestro contexto actual y nos dejan enseñanzas practicas aplicables en estos tiempos de pandemia. Pero principalmente, la sanación de estos dos hombres, nos dan la esperanza de que, así como Jesús quiso sanarlos, y de hecho lo hizo, así también quiere ayudarnos a nosotros y en su tiempo y voluntad lo hará. Entonces lo que le pido al Señor es que en esta mañana nosotros aprendamos de la actitud de cada uno de los actores (participantes) de estos milagros, de los que obraron bien para que lo repliquemos y de los que obraron mal para que nos cohibamos de cometer sus mismos errores. Amén

LA SANACIÓN DEL LEPROSO

Comencemos leyendo el v.12a “Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús” En el pasaje de la semana pasada vimos que Jesús levantó discípulos, particularmente a Pedro. Esto fue a través del milagro “la pesca milagrosa”. Y teniendo en cuenta que el evangelio de Lucas está ordenado cronológicamente podemos saber que en los milagros que estamos viendo hoy ya Jesús no estaba solo, sino acompañado de algunos seguidores íntimos, al menos Pedro ya estaba con él. Y aparentemente ellos estaban haciendo un recorrido evangelístico (predicando la palabra de Dios) por toda el área de Galilea. De esta forma es que estando Jesús en una de esas ciudades, no sabemos cuál, de Galilea se le presentó a él un hombre enfermo.

¿Qué enfermedad tenía aquel varón que buscó a Jesús? como lo podemos ver en los versos ese hombre era leproso, la enfermedad que tenía era la lepra. Si usted abre Google y teclea “lepra” de seguro le aparecerá que se trata de una enfermedad infecciosa producida por un microbio específico (Mycobacterium leprae) que afecta la piel y las terminaciones nerviosas y que también puede dañar órganos. Sin embargo, en aquella época la definición de lepra no era tan científica, y se consideraba lepra a muchas infecciones de la piel. Era el sacerdote el encargado de evaluar cada caso, conforme a la ley de Dios, también de clasificarlo y recetar los tratamientos que también están en la palabra.

Por esto es que acá la palabra especifica que este leproso que vino a Jesús era uno “lleno de lepra”, porque la lepra ► podía ser parcial, localizada en una parte del cuerpo, en ese caso posiblemente era curable, pero cuando estaba ► por todo el cuerpo, como lo tenía este señor, era el caso crónico el que daba las peores consecuencias. El problema de la lepra crónica es que va destruyendo progresivamente al cuerpo, es típico que las personas ► pierdan los dedos de las manos y los pies, también la nariz, las orejas, etc. Pero otro problema de la lepra crónica es que también destruye las terminaciones nerviosas, esto se traduce en que la gente pierde la sensibilidad en sus extremidades y así se hacen daño sin quererlo (tropezando y golpeándose con las cosas).

Pero estos problemas físicos no son las únicas consecuencias de la lepra. Leamos Levíticos 13:45,46 “Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.” Esta enfermedad también acarreaba complicaciones relacionales y psicológicas para el enfermo, porque básicamente el tratamiento de esta enfermedad era el aislamiento social, que es un término que está muy de moda en estas fechas, lo que quiere decir que si alguien estaba enfermo de lepra era llevado a un leprosario, que era una residencia fuera de los contornos de la ciudad para que ellos no contagiaran a los demás ciudadanos y no se convirtiera en un problema general para el pueblo. Creo que podemos darnos una idea de lo que este aislamiento implicaba, el leproso no veía a su familia, nadie lo podía tocar, no podía hacer ninguna actividad normalmente con sus vecinos como trabajar, entretenerse, etc. El aislamiento era tal, que si por alguna causa el leproso debía moverse entre el pueblo, debía anunciarlo a toda voz gritando: ¡inmundo, inmundo! Esta era una situación muy humillante.

Pero si bien la lepra es una enfermedad física, guarda mucha analogía con el pecado, veamos por qué. Así como la lepra, el pecado nos destruye, y de forma progresiva hasta matarnos, no solo desde un punto de vista físico, sino también -y primordialmente- de manera espiritual. Como la lepra, el pecado también podemos adquirirlo de otras personas, aunque no todos, muchos de nuestros pecados son por influencia de otros. Además, el pecado también nos hace insensibles, a medida que cometemos más un pecado nos duele menos, y llega un momento en que prácticamente se vuelve normal. El pecado también destruye nuestra esfera social, es el causante de la ruptura de muchas familias, amistades, y demás relaciones (laborales, etc.). Por esto podemos que nuestro pecado, el que todo ser humano padece, es la lepra espiritual.

Pero adicional a esto, es evidente que la lepra se parece mucho a nuestra situación mundial actual, porque la COVID-19 también se trata de una enfermedad contagiosa que a nos ha obligado a aislados y que ha afectado todas las áreas de nuestra vida, la economía, las relaciones, e incluso ha cambiado nuestra forma y medio de adorar a Dios. Entonces todos nosotros podemos entender -un poco- la situación del leproso de este pasaje, y podemos “tener una idea” -con comillas, porque nosotros tenemos medios de comunicación remota- la afectación que produce no solo el problema físico, sino estar aislado. Tanto en anímico, como social y psicológico, etc.

Pero hora veamos el v.12b se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Ese leproso del que les acabo de hablar, no se acercó a Jesús para chusmear, ni fue para pedir un autógrafo por su fama, y menos fue a juzgarlo. Actitudes que si tenían muchos de los que estaban allí. Este leproso vino al Señor con una necesidad específica o obvia: la necesidad de ser limpio de su lepra. Hay que reconocer que era casi imposible para este hombre estar frente a Jesús, por su ubicación, por su enfermedad, por la ley que se lo impedía y por el rechazo social, por lo cual, para poder estar allí se sobreentiende que él tuvo que vencer obstáculos, no solo externos, sino internos también. Muchas veces cuando nosotros tenemos un problema y obstáculos para resolverlo podemos desahuciarnos y no hacer nada. Mucha gente se detiene en buscar a Jesús, sabiendo que él es la respuesta y la solución a sus problemas, pensando en el “qué dirán los demás”, o porque se concentran en el obstáculo y se desaniman. Algunos dicen: “es muy lejos la iglesia, mejor no voy a ir”, o “estoy muy cansado mejor me quedo durmiendo”, o “me da pena que mis amigos me vean con una biblia o se enteren que estoy siguiendo a Cristo”, también están los que dicen: “mi problema es muy grande” o los que opinan: “yo no necesito eso, lo que necesito es otra cosa”. Pero como lo vemos acá, muchas veces para acercarnos a Jesús hay que romper, saltar o rodear los muros -internos y externo- que se interponen. Eso fue lo que hizo el leproso. De este leproso tenemos que aprender la decisión y determinación, también su creatividad, osadía y sobre todo su fe. Y digo fe, porque no queda duda que eso fue lo que lo movió a él para ir donde Jesús. En este caso su fe fue mayor que el obstáculo. Porque estoy seguro que este hombre estando en el leprosario oyó lo que Jesús estaba haciendo, que estaba sanando a muchos enfermos y haciendo milagros, y creyó que también a él también lo podía ayudar. Eso es fe. Y decidió escaparse y presentarse ante Jesús. Y yo te quiero preguntar ¿qué está siendo más grande en tu vida? ¿tu fe en Dios o los obstáculos? Nadie dice que acercarse a Jesús siempre es fácil, pero si tienes fe debes desafiar, aunque debas sacrificar algo. Bien sea tiempo, tu orgullo, tu miedo, tu apatía, u otro aspecto. Espero que esta palabra nos haga pensar en qué debemos superar hoy y que tomemos la decisión de desafiar.

Pero el leproso también nos enseña algo más. Y es la forma y la actitud con que debemos acercarnos a Jesús. Miremos de nuevo v.12b se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.” lo primero, y más evidente es que el leproso fue con una actitud humilde, se postró en tierra en señal de respeto y reverencia a Jesús. Nosotros debemos ser humildes porque la biblia dice en Santiago 4:6 que “…Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Pero lo segundo que vemos es que cuando el leproso le pidió a Jesús le dijo: “si quieres…” lo cual nos habla de su sujeción a la voluntad de Dios. Muchas veces vamos a Dios con actitud obligante, pidiéndole que nos resuelva el problema como nosotros queremos y en el tiempo que nosotros nos parece bien. Pero la verdad es que nosotros podemos pedir lo que queramos, y debemos pedirlo, Dios quiere eso. Pero debemos hacerlo dispuestos a que las cosas se hagan conforme a la voluntad de Dios y en su tiempo. Y esto excede las palabras, porque a veces decimos algo con la boca y tenemos otra intención en nuestra mente. Nuestra sujeción a la voluntad de Dios debe ser completa. Y lo último que vemos en las palabras del leproso es ese “…puedes limpiarme”, que significa que le dio la libertad a Jesús de hacer con él como le pareciera. Ya hemos visto que Jesús es un caballero que no nos obliga a aceptarlo, él toca la puerta y espera (y respeta) nuestra decisión. Ese es el libre albedrío.

Pero ahora leamos el v.13 “Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.” esta fue la reacción de Jesús, lo primero que hizo fue extender la mano y tocar al leproso ¿ustedes saben lo que significa esto? Que Jesús se expuso, tanto a contraer la enfermedad como a la inmundicia ritual. Según la biblia había varias formas de hacerse inmundo, y una de esas era tocando un leproso. Pero ¿por qué Jesús lo hizo? Resulta que el problema de este hombre no era solo lo que visiblemente había hecho la enfermedad en su cuerpo físico, sino lo que había ocasionado en su corazón. El contacto físico es una de las formas de manifestar amor a la gente, y Jesús antes de sanar el cuerpo de este hombre quiso hacerlo sentir amado y aceptado a través de su toque, para así sanar su corazón. Yo me imagino que por la enfermedad este señor tenía tiempo, y probablemente toda la vida, sin sentir caricia y eso seguramente lo hacía sentir rechazado, solo y triste. Sin duda esta era una herida que tenía él en su corazón, y aunque él no le pidió al Señor que lo sanara de eso, como a Jesús le interesa sanarnos primero de nuestras heridas internas, es que decidió tocarlo. Quizá tu herida no sea igual a la del leproso, quizá es por otra causa. Como la traición, el fracaso, la pobreza, el maltrato, etc. Los seres humanos solemos herirnos unos con otros. Pero Jesús quiere sanar eso en tu corazón y aunque hoy no puede tocarte físicamente, con su palabra, testimonio, su Espíritu Santo y usando a otras personas, quiere sanar tu corazón.

Hace 3 o 4 años conocí a una hermana que en su juventud sufrió bullying por un lunar que tenía. Incluso tuvo un amigo muy íntimo que le decía que no le gustaba y de causaba repulsión (asco). Esto generó cierta inseguridad en esa muchacha y tenía miedo respecto a la opinión de su esposo cuando se casara. Pero maravillosamente, el hombre que el Señor le dio como esposo, cuando vio su lunar le gustó mucho, porque era único, y le dijo que era una de las cosas que más le gustaban de ella. Así ella experimentó la sanación interna, obviamente gracias al Señor, y este dejó de ser un problema en su vida. Este es solo un ejemplo cómo Dios puede sanar nuestras heridas, oro que nosotros también experimentemos el toque sanador de Jesús. Amén.

Hasta aquí esta historia es maravillosa y nos deja muchas enseñanzas, pero pienso que lo mejor es lo que dijo Jesús después de tocar al leproso, le dijo: “Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.” Yo nos les voy a mentir diciéndoles que Dios siempre va a darnos lo que le pidamos. Porque esto contradice lo que está en la biblia. Lo que sabemos es sé que si algo de lo que le pidamos al Señor está conforme a su voluntad y es su tiempo -como en este caso- él lo hará, aunque sea lo más imposible del mundo. Y también les puedo asegurar, que más allá de la decisión de Dios, siempre podemos acudir confiadamente a él y él nos recibirá, sabiendo que él no desprecia un corazón humilde, como lo dice Salmos 51:17 “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” lo que quiere decir que recibamos o no el favor del Señor, siempre que acudamos a él humildemente, como lo hizo el leproso, estaremos agradando su corazón.

En este caso nuevamente vemos el poder de la palabra de Jesús, que al instante sanó al leproso aunque todo su cuerpo estaba cubierto de llagas. De igual manera, esa misma palabra, que es la biblia, puede sanar nuestra lepra espiritual, que como habíamos dicho es el pecado. Hermana(o), puede que tu pecado sea muy grande y aunque lo hayas intentado no tengas fuerzas para vencerlo, pero con el poder de La Palabra podemos vencerlo, por eso acudir siempre a la biblia, diariamente, porque esta nos hace sensibles a nuestra maldad y nos conduce al arrepentimiento, todo lo contrario hace el pecado, que nos hace insensibles y duros. Oro que todos los que estamos acá, y el mundo entero, podamos ser sanados de nuestros pecados a través de la poderosa palabra de Dios. Amén

Lo que pasó después de la sanación es que Jesús le pidió silencio al leproso, que no le dijera nada a nadie, Jesús estaba evitando lo que finalmente sucedió, que su fama fuera tal que no pudiese entrar en las ciudades. Pero también le pidió al ex leproso que cumpliera el rito de purificación que está en Levíticos 14.

LA SANACIÓN DEL PARALÍTICO

Lastimosamente no me queda mucho tiempo para hablarles en detalle de este otro milagro, en otra ocasión seguramente lo haremos. Por ahora solo les invito a ver, como le dije al principio, la relación que guarda el paralítico con nuestra condición actual en el mundo. La parálisis de este hombre generaba varias consecuencias: estanqueidad, por cuanto no podía moverse, dependencia de otros, porque necesitaba que alguien más hasta para hacer hasta las cosas más esenciales de la vida, y probablemente pecados, como la queja, ira y el no cumplimiento del propósito de su vida. Cualquier aspecto que genere estos efectos en nuestra vida es un agente paralizador, a veces puede ser la pereza, los afanes y ocupaciones, que mayormente producen parálisis espiritual, pero también lo es la situación de salud mundial. Fíjense que algunos agentes paralizadores son internos y otros externos a nosotros, y en el caso de esta pandemia es externa a nosotros. Fíjense que la COVID-19 ha paralizado el mundo entero, muchos han dejado de ser productivos porque las empresas están cerrando, y algunos se han paralizado espiritualmente porque han caído en el pecado de la pereza, la queja, y algunos se están desesperando y están perdiendo su fe.

Pero veamos las palabras de Jesús en el v.20 “Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados” y los vv.24,25 “para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.” gracias a la fe del paralítico y la de sus amigos, los cuales hicieron hasta lo inimaginable -que fue romper un techo y bajarlo por allí porque por la cantidad de gente no podían acercarse- Jesús perdonó los pecados de él y lo levantó milagrosamente de la camilla en que estaba por muchos años. A pesar que en ese lugar había gente -los doctores de la ley- que dudaba de la deidad de Jesús, el Señor hizo un gran milagro que aún hoy día es recordado.

Miren esta curva hermanos ► estos son los contagios diarios de la COVID-19 en Argentina. Ya van más de 700 contagios diarios y más de 11 mil casos totales. Y miren esta otra ► que refleja el aumento del precio del dólar. Los que analizan estas gráficas no dan mucho aliento en la salud, ni en la economía, pero la palabra de hoy nos anima a tener fe y presentarnos confiadamente ante Jesús esperando su tiempo y su voluntad para que ocurra el milagro. Hoy hemos aprendido que para esto debemos superar barreras, el leproso y el paralítico tuvieron que superar barreras y ambos agradaron a Jesús con su fe y su humildad. Le pido a Dios que también nosotros hagamos lo propio, y tengo fe que a su tiempo experimentaremos la gracia y el poder de Dios. Amén.

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